La selección portuguesa de fútbol, la última en llegar a Corea del Sur para el Mundial fue recibida en Seúl de forma efusiva, con lluvia y frío (unos 15 grados), en contraste con el calor y la humedad que vivieron estos últimos 13 días en Macao donde estuvieron concentrados.
La cortesía surcoreana recibió al equipo nacional con toda "pompa y circunstancia" y con ramos de flores para el vicepresidente de la Federación Portuguesa de Fútbol y jefe de la comitiva lusa (el presidente ya estaba en Seúl), Antonio Boronha, y para el seleccionador, Antonio Oliveira. En la llegada de la selección sucedieron un par de anécdotas, como la fiesta que le hicieron un grupo de aficionados uruguayos que se encontraban en ese momento en el aeropuerto esperando a unos compatriotas.