La policía cerró ayer varias calles y erigió puestos de control, en preparación para el juicio mañana por una de las peores masacres por disputas de tierras en la historia de Brasil.
Las medidas de seguridad se tomaron en Porto Velho, a unos 3.200 kilómetros al noroeste de Río de Janeiro, en la única ruta de acceso al lugar. La policía también colocó detectores de metales en el aeropuerto a fin de revisar a los pasajeros que llegaban a la ciudad, dijo por teléfono el jefe policial Severino Moreira.
Se calcula que unas 10.000 personas asistirán al juicio de los 13 policías del estado de Rondonia y dos campesinos, acusados en la masacre en 1995 que dejó 10 campesinos y dos policías muertos.
La policía cerró el acceso a las vías adyacentes al tribunal y erigió tiendas de campaña y pantallas de televisión gigantes para que los campesinos puedan ver las audiencias.
También se confiscaron guadañas, machetes y otras herramientas campestres a fin de evitar hechos de violencia, dijo Moreira.
La masacre ocurrió en la madrugada del 9 de agosto de 1995, cuando la policía estatal intentó expulsar a unos 500 invasores de la hacienda Santa Elina, en Corumbiara, un pequeño poblado a unos 830 kilómetros al sur de Porto Velho.
Los fiscales aseguran que unos 300 policías acordonaron el lugar a eso de las 2 de la madrugada, lanzaron gas lacrimógeno y granadas paralizantes e irrumpieron disparando indiscriminadamente.