Cuando Yasiel Puig lame el bate, el Dodger Stadium ríe. Cuando se detiene frente al plato admirando un hit, los vítores iniciales de los aficionados se transforman graciosamente en el exhorto de “¡Dale!, ¡Dale!” _lo cual termina haciendo.
Toda la carrera del jardinero cubano en las Grandes Ligas ha sido un aprendizaje sobre cómo sacar provecho su prodigioso talento sin perder la alegría esencial que genera el béisbol.
Hace apenas 14 meses, esa búsqueda parecía haber terminado, al menos en Los Ángeles. Puig fue enviado a la Triple A y lucía poco probable que volviera a unos Dodgers frustrados por su inconsistencia e indisciplina.
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En la postemporada, ha conectado 7 hits en 16 turnos con cinco boletos y seis impulsados. Ya excedió su total de impulsadas en los playoffs, algo coronado con su primer cuadrangular de postemporada en el primer juego ante Chicago.
Puig se ha lucido con notables jugadas en cada partido de un equipo que marcha invicto y que reanudará la serie de campeonato en el Wrigley Field este martes. De hacerle swing a todo, el cubano negoció tres boletos y anotó una carrera en la victoria 4-1 en el segundo duelo. “Hubiera recibido un cuarto boleto, pero la lengua no me funcionó cuando lamí el bate y me ponché con un piconazo”, dijo.>VEA TAMBIÉN: Puig reflexiona sobre su carrera
Así es, a Puig le ha dado por lamer el madero por una cábala, lo suelta con euforia incluso tras dar un doble, defiende el bosque derecho con una destreza peculiar y no para de estamparle besos a la mejilla de su coach de bateo.
“Nunca lo habíamos tenido tan enfocado, en cada pitcheo del juego”, comentó el manager Dave Roberts, quien tomó las riendas de los Dodgers previo la pasada temporada. “Cuando un combina eso con todo el talento que tiene, la energía que aporta, no solo estimula a 50.000 personas (en el estadio). Estimula a todos en el camerino.>VEA TAMBIÉN: Puig hace de las suyas
Desde que llegó a los Dodgers en 2013 tras un peligroso escape de Cuba, Puig juega la pelota con una efervescencia que enoja a algunos puristas del béisbol, pero eso le resulta irresistible a los fanáticos más jóvenes, a la mayoría de sus compañeros y a todos lo que les gusta divertirse.
“A veces se pasa con sus bobadas, pero le inyecta mucha energía a este equipo”, zanjó el astro novato Cody Bellinger.