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¿Quién asesinó a Pío XII?

Informes médicos del Vaticano citados por John Cornwell, aseguran que el malestar se debía a complicaciones del esófago , producidas por la ingestión de enormes cantidades de ácido crómico, utilizado para teñir cuero.


El acto más descabellado para celebrar la omnipotencia del poder absoluto se le atribuyó al general José Gaspar Rodríguez Francia, del Paraguay, quien colocó cadáveres momificados en los ventanales de su palacio con instrucciones de disparar contra quien osara enterrarlos. Era una costumbre religiosa, ya que en los arcos de las iglesias medievales de Saint Amat de Rodez Beaumenill y Tersan, se exhibieron sarcófagos con momias egipcias, para recordar a los fieles la omnipotencia de la muerte. En Paraguay, a falta momias se utilizaron prisioneros políticos, para simbolizar la omnipotencia del poder absoluto, sin embargo este hecho fue superado con creces, cuando el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, pidió a su brujo de cabecera que asesinara a Pió XII, según testimonia el historiador colombiano Gustavo Iriarte en su libro Bestiario Tropical.

Al parecer el padre de la Patria, primero imaginó a Pío XII rodar abatido por los disparos de sus sicarios dentro del Vaticano. Pero pronto desestimó la peregrina idea; porque enfrentaba complicaciones políticas por las secuelas de los últimos atentados perpetrados por él contra el Presidente de Venezuela Rómulo Betancourt, y el secuestro y asesinato de Jesús de Galíndez, un catedrático español, a quien raptó en Estados Unidos por haber escrito el libelo "La Era de Trujillo". Debido a que el Congreso de los Estados Unidos decidió investigar el secuestro de Galíndez, el dictador mandó a ejecutar a los policías de Nueva York que realizaron la operación; al general Meza, jefe del servicio secreto dominicano, que la organizó; al piloto del avión, que los trajo, e incluso, al dependiente de la estación de gasolina que vendió el combustible para el regreso del bimotor USA. Después envió telegramas de condolencia a los deudos de sus propias víctimas, por lo que en un rapto de creatividad vesánica, escribe el historiador colombiano, llamó a su brujo de cabecera para que usara el mal de ojos para atentar contra la vida del Sumo Pontífice, ya que en caso de encubrir el crimen, esta vez no dejaría un rosario de muertos, sino un brujo desaparecido.

Imagino la escena: a mediados de 1957, el presunto asesino vio al Pontífice entrar al Vaticano seguido por los Arzobispos y los Abades de los grandes monasterios benedictinos. Entonces con ojos acérrimos e incandescentes, el brujo observa a Pío XII con esa mirada de rayo, capaz de desjarretar a un toro de lidia. Pero tan solo logró producirle un ligero hipo. ¿Un hipo? ¡Un miserable hipo! Es todo lo que has conseguido. Le gritó furioso, el dictador por teléfono. ¡Ese es el hipo más caro del mundo, me escuchas, miserable! ¡Es el hipo más caro del mundo! Y acto seguido lo instó, bajo amenaza de muerte, a cumplir su cometido. Pero como el escurridizo Papa, sobrevivió a dos intentos más de ser ojeado, el brujo decidió pedir asilo en Noruega para no terminar avivando el fuego en la caldera de un barco.

 

Estos son los hechos. Muchas personas tienden a resaltar la frivolidad divertida del déspota, la eficacia brutal de la violencia o la concupiscente crueldad del dictador, no obstante lo que quiero subrayar son las paradojas de la realidad, por lo que los hechos que describo a continuación merecen, algo más que la atenta curiosidad del lector. Lo que sucedió en realidad fue que El Sumo Pontífice, también tenía su brujo de cabecera. Era nada menos que el médico oficial del Vaticano, el oculista Ricardo Galeazzi. Para que no se piense que deseo forzar la credulidad del lector, cito palabras del historiador inglés John Cornwell escritas en el libro La Verdadera Historia de Pío XII. Allí sostiene que en el Vaticano muchos allegados del Papa, creían que el oculista era un charlatán esotérico, dotado de una peligrosa combinación de ignorancia y negligencia, cualidades que venían adornadas con curiosas prescripciones médicas.

Pero ¿Cómo pudo, un oculista charlatán, ser el médico de cabecera, del Papa Pío XII, quien con astucia logró que El Vaticano sobreviviera a las turbulencias de La Segunda Guerra Mundial? ¿Cómo el Pontífice, a quien Golda Meir, la entonces Ministra de Asuntos Exteriores de Israel llamó "el príncipe de la paz", pudo tener a un farsante como médico? Lo que sucede es que el oculista tenía como aliada, a la todo poderosa monja alemana Pascualina Lenhert, ama de llaves y asesora del Sumo Pontífice, quien era apodada la "scaltrisima" o "la extremadamente astuta".

Ella lo juzgaba perfecto para atender salud del Pontífice. Escribe John Cornwell en el libro precitado, porque el oculista prestó un valioso testimonio para la canonización de la hermana menor de la monja.

 

Lo cierto es que varias semanas después de ser aojado su Santidad cayó enfermo, aquejado por fuertes ataques de hipo, los cuales acabaron por hacerse crónicos. Desde el día en que fue atacado por el mal de ojos, su Santidad no dejó de hipar. Durante el día y la noche, el hipo no dejó de producirle contracciones en el esófago. El hipo era peor que una tortura china. Informes médicos del Vaticano citados por John Cornwell, aseguran que el malestar se debía a complicaciones del esófago, producidas por la ingestión de enormes cantidades de ácido crómico, utilizado para teñir cuero. Este fue el remedio que le recomendó su "brujo" de cabecera para impedir que su Santidad perdiera los dientes y se le alterara la espléndida dicción, asegura el precitado historiador inglés. Uno puede preguntarse ¿si no hay una sospecha razonable de envenenamiento o esta tortura espantosa era el efecto de un maleficio lanzado por un brujo caribeño enviado por Trujillo?

Lo cierto es que el oculista fue despedido, por La Santa Sede, argumentando cambios en su personalidad, lo cual es un eufemismo, para decir que estaba loco. De inmediato fue sustituido por el Doctor Antonio Gasbarrini, quien de manera oficial declaró muerto al Sumo Pontífice, el 9 de Octubre de 1958, un año después de ser aojado. No obstante, el oculista Galeazzi recurrió una vez más a sus argucias esotéricas y se coló en las habitaciones del Papa agonizante y tomó fotos, las cuales vendió a la revista Life. Iniciando así, lo no tal loable profesión de periodista indiscreto o "paparazzi"

La autopsia dice que su Santidad falleció a consecuencia de "un trastorno circulatorio", pero la pregunta cuya respuesta contiene uno de los grandes misterios de la historia del siglo XX es ¿Cuál de los dos brujos acabó con a vida del Papa? El lector podrá aventurar una respuesta, pero creo que esta pregunta debe responderla el Comité Pontificio encargado de promover la polémica canonización del Pio XII.


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427346
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América