E s un martes diferente en el Museo Nacional Centro de Arte de Reina Sofía en Madrid. Las puertas de esta colosal instalación, erigida para servir como hospital en el siglo XVIII y cuyas puertas usualmente permanecen cerradas ese día, abren como una excepción para mostrarse a la vista de un grupo de visitantes llegados de muy lejos. El interés de los "extraños" era conocer en toda su dimensión al que es considerado el segundo museo más importante de la capital española, después del Prado.
Antes de entrar al edificio, asentado sobre 18,048 metros cuadrados, Francisco Serrano, director general de Arte y Tecnología de la Fundación Telefónica, suelta un dato que nos proporciona una idea sobre la inmensidad del asunto: "Nuestra colección es de 16 mil obras, incluyendo pinturas, esculturas, fotografías, grabados, vídeos y otros".
Serrano también contó que dos semanas antes de nuestro arribo hubo una exposición durante la cual se registró la visita de 550 mil personas, cifra que solo es comparable con la audiencia que suelen tener las exposiciones que se dan en el Prado.
El Museo Nacional Centro de Arte de Reina Sofía está al frente del Real Conservatorio Superior de la Música y con apenas pasar el umbral de la puerta principal se siente un ambiente que produce un vuelo de la imaginación y nos transporta a otros estadios, comenzando en el sigo XVIII, hasta pasar al XX y llegar a nuestros días.
Allí, en la entrada, nos recibe un hombre de mediana estatura, vestido de gris, con saco y una camiseta negra con cuello de tortuga. Habla en tono bajo, pero tiene buena dicción. Nos hace una explicación introductoria sobre el recorrido que vamos a hacer y, a pesar de que en las blancas paredes del edificio que es una mole de granito y mármol, hay letreros que advierten que está prohibido tomar fotografías, nuestro anfitrión decide hacernos otra concesión: "Pueden tomar fotos, pero sin flash".
Obviamente, no estábamos siendo atendidos por cualquiera. Ese hombre, de fino trato y profundos conocimientos de los secretos del Museo Nacional Centro de Arte de Reina Sofía, era Javier Blas, nada más y nada menos que del curador del museo en persona.
Conociendo el Reina Sofía.
El edificio, en cuyo centro hay un enorme jardín desde los tiempos que funcionó como hospital y que en 1977 fue declarado Monumento Histórico. En 1986 algunas zonas comenzaron a funcionar como el Centro de Arte Reina Sofía y desde 1988, mediante Real Decreto 535/88 de 27 de mayo de ese año, se crea el museo como organismo autónomo dependiente del Ministerio de Cultura con sede en el Hospital de San Carlos de Madrid y con los fondos artísticos que estaban integrados en el Museo Español de Arte Contemporáneo.
Cuatro años más tarde, 1992, los Reyes Juan Carlos y Sofía inauguraron la Colección Permanente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que hasta ese momento había acogido únicamente exposiciones de carácter temporal. A partir de entonces quedaría constituido en auténtico museo, con los cometidos de custodiar, acrecentar y exhibir sus fondos artísticos; promover el conocimiento y el acceso del público al arte contemporáneo en sus diversas manifestaciones; realizar exposiciones a nivel internacional, y poner en marcha actividades de formación, didácticas y de asesoramiento en relación con sus contenidos, tal y como se recoge en su estatuto.
Búsqueda de la luz.
Únicamente las plantas 2 y 4 están disponibles para exposiciones permanentes, debido a que el
centro está en constante proceso de renovación. En estas plantas hay unas mil obras en exposición de las más de 16 mil existentes en la colección.
Los fondos del Museo Reina Sofía abarcan obras realizadas entre finales del siglo XIX y la actualidad. La pinacoteca cuenta con aproximadamente 16.200 obras, que dan cabida a todo tipo de técnicas artísticas: en torno a 4.000 pinturas, más de 1.400 esculturas, casi 3.000 dibujos, más de 5.000 grabados, más de 2.600 fotografías, alrededor de 80 videos, una treintena de instalaciones y otras tantas video-instalaciones, más de 100 piezas de arte decorativas y 30 de arquitectura. De ellas, sólo se exhibe formando parte de la Colección Permanente, una selección de aproximadamente un 2%.
Nuestra visita guiada comienza en la planta 2 en donde se produce el primer contacto con este mundo de maravillas. El paisajismo y la búsqueda de la luz, con obras de Benjamín Palencia (1894 -1980), Daniel Vásquez Díaz (1882 1980), Ignacio Zuluaga (1870-1945) y Pablo Gargallo (1881-1934), entre otros, se presentan ante nuestros ojos con imágenes propias de la Europa del finales del siglo XIX y principios del XX.
Las explicaciones y relatos de Javier Blas se hacen más intensas y van casi en perfecta consonancia con cada sorpresa que se devela antes nuestros ojos. Avanzamos a la sala contigua y frente a nosotros vemos, percibimos, tocamos y hasta retratamos obras originales de Pablo Picasso (Mujer Azul 1908), Salvador Dalí (Muchacha en la ventana 1925), el uruguayo Rafael Barradas, José Gutiérrez y Bonard Pierre, entre otros.
El curador nos sigue hablando apasionadamente del Cubismo y nos resume esa técnica, que tuvo a Juan Gris como gran teórico, como aquella que parte de la teoría de que "ninguno de los ojos ve igual al otro".
De Juan Gris, quien defendió el cubismo hasta el día de su muerte en 1927, apreciamos "Jarra y Vaso", el retrato de "Josette", "Violín y guitarra", "El Limón" y "La mesa del músico", entre otros.
En ese punto, recibimos otra sorpresa. El director general del Museo Nacional Centro de Arte de Reina Sofía, Manuel Borja-Villel, se suma a la expedición que ya lleva una hora y apenas estamos en la fase introductoria. Explica que hace poco fue nombrado en el cargo, se está familiarizando con el engranaje y se le ve ocupado. Intercambia algunas impresiones y se retira tranquilo, puesto que sabe que estamos en buenas manos.
Pieza fundamental.
Esculturas, más cuadros. Nombres que la historia del arte en España y América ha inmortalizado siguen deslumbrándonos. Es pasado el mediodía en Madrid, cuando en Panamá el sol apenas empieza a asomar.
Cuando pensábamos que lo habíamos visto todo, llegó la hora estelar. A lo lejos comenzamos a ver algunas piezas preparatorias de la Guernica, aquel histórico, memorable, controversial y emblemático cuadro confeccionado por Picasso en 1937, cuando los músculos de la guerra civil estaban henchidos y afincados sobre la paz de la sociedad española.
Una breve charla explicativa, la observación de algunas piezas que sirven de referencia a quienes no conocen la historia del Guernica y la explicación sobre el contexto histórico en que se produjo, y de repente quedamos frente a una gran pared, ubicada en una sala solitaria, cuyos únicos inquilinos eran unas lámparas, especialmente escogidas para darle luminosidad al Guernica.
Un miembro del grupo no puede aguantarse y se lanza hacia la obra y la toca. Inmediatamente recibe la voz de advertencia: No puede pasar después de esa plataforma blanca que está en el suelo y mucho menos tocar el cuadro.
Nos recuerdan que somos objeto de una excepción y se nos explica que en los días que está abierto el museo (todos, menos los martes) hay dos custodios que se mantienen allí para controlar los impulsos de los visitantes.
El incidente no tuvo mayor importancia. Javier Blas sigue comentando con una pasión inaudita sobre el Guernica, mientras los casi ocho periodistas procedentes de diferentes países de Latinoamérica y otros acompañantes no pierden la oportunidad para retratarse junto a Guernica, eso sí, sin activar los "flashes" de sus cámaras digitales
Las preguntas y el diálogo sobre Picasso, su estado de ánimo y el Guernica duró casi una eternidad. El tiempo corría y con casi dos horas de estar en el museo no habíamos apreciado ni siquiera el 50% de las obras. El cansancio comenzaba a hacer mella, pero valía más seguir disfrutando de esta oportunidad que pudiera demorar en repetirse, así que seguimos el recorrido.
Hola y adiós.
Javier Blas tiene otros compromisos que cumplir dentro del museo y se lamenta de no poder seguir guiándonos, pero nos deja en buenas manos. A partir de ese momento otra colaboradora del centro se pone al frente del grupo.
Ella nota que algunos ya están sufriendo el reclamo de sus piernas, así que decide seguir el recorrido, pero deteniéndose en algunas de las obras más emblemáticas.
"El Gran Masturbador" de Salvador Dalí ocupa nuestra atención; una variedad de esculturas, su mayoría en hierro; imágenes captadas por el fotógrafo húngaro Robert Capa y varias obras de surrealismo, entre otras, piezas nos son mostradas.
El tiempo se agota, nuestros ojos no cesan de contemplar tanta belleza junta, las piernas y el cuerpo no sienten igual, pero no podíamos irnos del Museo Nacional Centro Reina Sofía, sin conocer todas la facilidades que ofrece a los visitantes.
Algo más que un museo.
Hace tres años se inauguró una ampliación impresionante, gracias al genio del arquitecto Jean Nouvel, quien supo hacer un diseño portador de "un lenguaje potente y audaz, además de adecuarse a las prácticas museísticas más actualizadas, dialoga con cortesía y respeto con la solidez clásica del edificio Sabatini", que es como se llama la edificación en honor al arquitecto que la terminó de construir hace ya buen tiempo.
Informes suministrados por el museo señalan que la ampliación ha permitido liberar espacios del antiguo edificio -ya popularmente conocido como "Edificio Sabatini"- para poder desplegar y ampliar la Colección Permanente a través de sus cuatro plantas, tarea que en estos momentos se está llevando a cabo, logrando una narración continuada, sin cortes espaciales. A su vez, permite mostrar obras significativas, que nunca o raras veces han sido exhibidas en sus salas.
Los nuevos espacios suponen un aumento de más de un 60% sobre la superficie del edificio antiguo (51.297 m²), pues se ha pasado a contar con 84.048 m2. En concreto, la superficie dedicada a la Colección Permanente se ha visto incrementada en más del 50%. El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía dispone así de un espacio expositivo privilegiado.
Las facilidades para los visitantes, que el año pasado rebasaron el millón y medio, incluyen, la biblioteca y centro de documentación, salas de exposiciones, auditorios, sala de protocolo, terrazas, librería/Café Restaurante, todo orientado bajo tecnología de punta al servicio del mantenimiento y la seguridad.
Lo anterior implica que la institución cuenta con sistemas que permiten garantizar permanentemente el grado de temperatura y humedad exigido en cada zona susceptible de contener obra de arte; regular la iluminación y activar los diferentes sistemas de seguridad y de detección de averías. Las alarmas, tanto de incendios como de movimiento, activan las cámaras de video encargadas de vigilar cada área.
A los sensores fijos se suman otros puntos de seguridad móviles, diseñados para prestar especial protección a determinadas obras o zonas de los distintos montajes. Una consola central inteligente, varios miles de sensores y más de doscientas cámaras, junto a un equipo humano altamente profesionalizado, hacen del Reina Sofía, no solo en un museo interesante, sino en uno de los más seguros del mundo.
Quienes hemos estado allí, podemos dar fe de eso.