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Reflexiones Sobre la Educación y la Cultura: Retos de la Sociedad y de los Gobiernos

...como productos de la interrelación de la inteligencia del hombre con su entorno, garantiza el desarrollo general de la sociedad. Y uno de las interrogantes que siempre nos hacemos tiene que ver con el evidente proceso de robotización o mecanización en que nos encontramos. Hombres y mujeres de éste, nuestro tiempo, son manipulados en función de una sociedad de consumo irracional.


En cierta ocasión un científico se preguntaba por qué marchaba tan bien el mundo físico y tan mal el mundo humano, y agregaba y cuestionaba que si uno de los productos necesarios de la evolución del hombre y del mundo era la aparición de un ser realmente libre, era probable que con esa incongruencia se estuviera pagando el precio de esa libertad.
Cuando se le preguntó lo que quería decir, afirmó que los seres humanos han inventado en el siglo XX dos modos de autodestruirse: el armamento nuclear y el deterioro del medio ambiente. Y dado que el proceso conocido como evolución es complejo, la idea de alcanzar un alto nivel de desarrollo se convertía en una amenaza a los seres humanos y planteaba además, si la inteligencia era acaso un don envenenado.
Este cuestionamiento pareciera sugerir que no es posible que coexistan millones de personas sin que el ambiente resulte deteriorado y como consecuencia el planeta este en vías de destruirse.
A pesar de que los seres humanos son geniales y que en el último siglo y en el que recién inicia, se ha avanzado en términos gigantescos, al desarrollar el ser humano su inteligencia, se impone un cambio de los modos como se impulsa el crecimiento económico y es necesario, concebir la presencia del hombre en el planeta a través de un desarrollo humano sostenible. Pero esto, al parecer, no lo entienden la mayoría de los dirigentes políticos.
La disyuntiva es saber si estamos en condiciones de coexistir con todo el poder que el hombre ha logrado a través del desarrollo de su inteligencia, pues de no ser así, se vislumbra un futuro no remoto de una tierra sin nosotros. La situación es grave, pero debemos ser optimistas. Debemos emplear todos nuestros recursos para salvar la civilización, para salvar el futuro, porque éste depende de lo que hagamos hoy, aunque la historia de la evolución continúe.
Reflexionar sobre estos temas da la oportunidad de presentar algunas ideas, algunos sueños, pero, sobre todo sirve, para hacer algunos cuestionamientos.
Estamos convencidas de que la mayéutica, el método socrático, sigue siendo, la mejor forma de propiciar cambios. Y si en esta etapa de nuestra evolución los cambios físicos son inevitables, debemos estar claros en que los cambios culturales dependen de nosotros, los humanos. Según la mayéutica, la duda es mucho más importante que la respuesta. La duda garantiza la evolución de la inteligencia, es el motor del conocimiento y la garantía del progreso.
La respuesta por lo general se hunde en sus propios límites si no la suceden nuevas preguntas, por eso, a cada respuesta debe corresponder una nueva inquietud, interrogantes sucesivas para alcanzar profundidad y certidumbre. Lo importante es que cuestionemos, que indaguemos la intimidad del problema y no la epidermis que lo cubre.
La cultura y la educación, como productos de la interrelación de la inteligencia del hombre con su entorno, garantiza el desarrollo general de la sociedad. Y uno de las interrogantes que siempre nos hacemos tiene que ver con el evidente proceso de robotización o mecanización en que nos encontramos. Hombres y mujeres de éste, nuestro tiempo, son manipulados en función de una sociedad de consumo irracional. Se nos induce masivamente a adocenamientos, conformismos, individualismos, y formas aberrantes de egoísmo, y falta de solidaridad humana, ajenos a los intereses de la colectividad. Lo peor es que por esta vía se nos convence de que podremos alcanzar éxito y felicidad.
De allí la importancia del cuestionamiento cotidiano diario.
¿ Queremos una sociedad más justa, más solidaria, en la que la producción de bienes materiales no gobierne la vida humana, y la cultura y educación no solamente sea obligación de la administración oficial sino también del resto de las fuerzas sociales, llamadas en la actualidad, sociedad civil.
¿ Queremos o no una sociedad en la cual las cosas tengan utilidad estética y espiritual sin que se conviertan en un fin en sí mismas?
¿ No tenemos derecho a entristecernos cuando observamos que el progreso tecnológico gobierna la vida de las personas, en vez de ser todo lo contrario ?. Bien podríamos convertirnos en víctimas de la tecnología y no en sus beneficiarios. Víctimas del celular, de los beepers, de la internet, de la televisión por cable. Si aprendemos a utilizar estos avances tecnológicos como lucimiento y boato y no como herramientas para mejorar nuestra calidad de vida y la de nuestros semejantes, ¿ no estaremos perdiendo un poco de libertad? Toda dependencia entraña pérdida de la libertad. Nos angustia observar como en alguna ocasión el progreso tecnológico gobierna la vida de las personas y son en consecuencia, menos libres, sometidos voluntariamente a esa esclavitud.
Lógicamente el poder del mundo moderno creado por el hombre en función de su inteligencia y el desarrollo, algunas veces se sale de sus manos. No basta al ser humano vencer las fuerzas de la naturaleza, o más bien adaptarlas para su beneficio, sino ponerlas en función de la comunidad, estableciendo una relación estrecha entre los avances tecnológicos y el amor, entre la máquina y los lazos fraternales, entre el conocimiento y la vida compartida. En fin, establecer los vínculos entre el producto de la ciencia y la solidaridad humana.
Tomemos esto en cuenta. Ello será lo único que no nos dejará perder el rumbo.
¿ Y por qué decimos esto ? Porque como dice uno de los estudiosos que analiza el tema de la cultura y el Estado, existe un distanciamiento desproporcionado entre la actividad creadora, artística y estética con respecto a la sociedad.
Y esto se debe a que la sociedad no reconoce esa actividad creadora como suya porque la desconoce.
Correspondería entonces, a los gobiernos, la promoción e impulso a través de sus entidades de resaltar la excelencia de los artistas de manera que la sociedad se sienta orgullosa de ellos.
Los panameños seríamos mejores si reconociéramos, como se debe las excelentes ejecutorias de algunos desaparecidos como Ricardo Miró, Justo Arosemena, Amelia Denis de Icaza, José De Jesús Martínez, Ricaurte Soler; y también de otros panameños ausentes del terruño que también han aportado su inteligencia. Nos referimos a un Roque Cordero, a un Adán Ríos, y así otros por el estilo. No pido nada extraño y fuera de lugar, sólo pido que se aprenda a respetar y enaltecer nuestros valores de la misma manera como se hace, por ejemplo en Chile: con su Gabriela Mistral y Neruda, en Ecuador con su Guayasamín, en México con su Diego Rivera, Octavio Paz, Carlos Fuentes, por mencionar sólo algunos.
Importa referirnos a los intelectuales jóvenes a quienes también debe estimularse. Y repetimos, ese reconocimiento no solamente debe ser del gobierno, porque al hablar del Estado nos referimos tanto a nuestros delegados dirigentes políticos, como la sociedad en su conjunto, incluyendo a la empresa privada que debe ser promotora no solamente de obras sociales, como son los conocidos teletones, sino también debería convertirse en impulsora del arte y de la cultura; porque al dar este apoyo se está apoyando el progreso, fortaleciendo la identidad del panameño, y afianzando nuestra nacionalidad.
Esta oportunidad de presentar algunas ideas sobre las políticas culturales de nuestro país, brinda la oportunidad de criticar y autocriticarnos sin temor a escarbar, a sacar sangre de nuestras heridas pues solamente en la medida en que nos atrevamos a reconocer nuestras fallas podemos ofrecer alternativas. Recuperar lo mejor de nuestra literatura y, en general, nuestros reconocimientos del arte popular, de nuestro folklore, del aporte de nuestras diferentes etnias. En fin reconocer nuestras fallas para enfrentar el futuro con opciones y mucha más alternativas.
No le tengamos miedo a nuestra imaginación. Quien no sueña no vive. Asentados con firmeza en la realidad le haremos frente a los problemas que impiden nuestro necesario desarrollo cultural.
Examinando algunos de nuestros problemas sociales más urgentes debo mencionar la pobreza como una de las lacras que hay que enfrentar, reconociéndola como un detente del progreso. De una u otra forma este fenómeno nos afectará a lo largo de nuestra vida o tomará venganza sobre nuestros descendientes. De eso no nos quepa la menor duda. Nuestra propia seguridad y tranquilidad espiritual, nuestra paz y conciencia, de alguna manera será afectada.
Mientras subsistan problemas, como el de la pobreza, los temas de la educación y la cultura, quedarán en segundo plano.
Porque de alguna manera nosotros somos privilegiados y debemos comprender la importancia de promover acciones encaminadas a modificar las disparidades que revelan estas realidades sociales. Debemos empujar cambios en las estructuras socioeconómicas vigentes, no sólo como acto de solidaridad con los menos favorecidos sino como un programa articulado de defensa propia. Hasta por un elemental instinto de sobrevivencia debemos saber que la pobreza y la pobreza extrema ponen en peligro nuestros propios privilegios.
¿ Podemos jugar un rol, para enfrentar estos problemas? Claro que sí. No seamos mirones, ni convidados de piedra. No seamos testigos pasivos. Nuestro deber es alinearnos con la justicia, con lo justo, con los sectores sociales en desventaja, pues las diferencias, aun cuando las raíces sean históricas y culturales, no justifican tratos inicuos y segregaciones inocuas.
Debemos trascendernos a nosotros mismos, debemos entender que el ser humano responde primero a sus instintos de sobrevivencia y aún cuando ha tenido capacidad creativa e imaginación, para mejorar su entorno, debemos enfrentar la disparidad y falta de equidad que exige de nuestra parte una mayor conciencia social.
El Estado, del cual formamos parte todos, debe garantizar el acceso a la educación de todos, principalmente de los desposeídos, de los que están en desventaja social. Igualmente los gobernantes como delegados de la sociedad, deben disponer los recursos que sean necesarios para contribuir con todos los sectores comprometidos en el uso de su inteligencia para que desarrollen sus capacidades para fortalecer la identidad de esta nación.
Una última reflexión. ¿Puede cambiar su naturaleza el ser humano?
En el cambio de la condición humana se centra el porvenir de esta nación. De nada vale cualquier esfuerzo que se haga, ya sea legislativo, corporativo, estructural, si los hombres y las mujeres no están preparados mentalmente para el cambio, si siguen aferrados, los unos y los otros, los ricos y los pobres, a relaciones de producción parasitarios y dependientes. Los unos, preocupados por sus intereses negándose a repartir. Los otros organizándose para pedir respondiendo solo a sus necesidades.
Leyes y proyectos, en el mundo competitivo de hoy, estarán condenados al fracaso si los hombres y las mujeres de este país no modifican sus estructuras mentales y aprenden de una vez por todas que el Estado moderno no puede sobrevivir, si ellos, hombres y mujeres de todos los estratos sociales, no aprenden las leyes de la sobrevivencia que prevalecen en el modelo de sociedad que escogieron para vivir.
No sé cuándo, donde ni cómo se hará. Pero si sé que tendrán que hacerlo. Los hombres y las mujeres de este país, en el proceso de modernización e incorporación a la sociedad planetaria de nuestro tiempo, tendrán responsabilidades que están mucho más allá de sus proyectos individuales, individualizados, o de grupos. Y las asociaciones e instituciones, cualesquiera que ellas sean, no tendrán significado ni trascendencia si la motivación de sus esfuerzos no se vincula al resto de la sociedad creativa y solidariamente, porque la pobreza, además de las carencias materiales, también la es de espíritu. Y de espíritu quiere decir falta de ganas, compromiso con el status quo, incapacidad para saciar sus necesidades. Pobreza es, sobre todo, incompetencia de todos los involucrados en los procesos de producción y sobrevivencia pues es menos culpable el pobre de ser pobre que nosotros de que lo sea.
Podemos escoger el amor a la vida?
Que destino más glorioso sería el poder contribuir a modificar la base de todo el andamiaje sobre el que se sustenta el desarrollo: el cerebro humano.
Es entonces, a través de la educación, no como transmisión de técnicas para leer y sumar, sino concebida como el arte de vivir, lo único que puede ayudar eventualmente a la nación para salir de la crisis estructural por la que atraviesa. A través de la educación, concebida esta como modificación de hábitos, como puede cambiar la condición humana y como pueden los miembros de la sociedad transformar la relación de desigualdades extremas entre sus miembros.
No tenemos tiempo que perder. Tanto ha inventado el ser humano en el siglo que recién ha acabado, tanto ha sido el progreso de la ciencia y la tecnología, tanto, y tan poco previsores hemos sido que no hemos podido crear condiciones para garantizar a nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, una tierra que valga la pena preservarla.
Estos temas deben analizarse y discutirse en las universidades, en todas las escuelas secundarias hasta en las primarias, porque hay una expresión cultural que debe desarrollarse y fortalecerse y todos debemos ser parte de la solución.
¿ Seremos capaces de proponernos y lograr este compromiso? Yo creo que sí.
(la autora es la Secretaria Ejecutiva del Consejo Nacional de Transparencia contra la Corrupción)


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219511
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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