La familia de Luis Durango, el nuevo inquilino panameño de las Grandes Ligas, está que no cabe en el pellejo. Y no es para menos.
El novel pelotero del humilde barrio de Cabo Verde estuvo ayer a la altura de la historia al lucir como un vétero en su primer partido en la Gran Carpa: pegó de 4-3, con dos anotadas, se robó su primera base en las Mayores y, como si fuese poco, anotó la carrera que dio la victoria a los Padres de San Diego, 5-6, sobre los Cascabeles de Arizona, luego de diez trepidantes episodios.
En el décimo capítulo, Durango no desperdició la oportunidad y llegó a primera tras conectar sencillo. Pero no todo quedaría allí, el istmeño exhibió su veloz andar al robarse, en 3.6 segundos, la segunda base.
Posteriormente, el nicaragüense Everth Cabrera pegaría el “hit” que aprovecharía Durango para, desde la segunda almohadilla, anotar la dramática rayita del triunfo.
“Yo corrí, me sentía muy confiado y sabía que yo iba a anotar”, declaró Durango en referencia a la anotación decisiva.
“Increíble velocidad (la de Durango)”, dijo Kevin Towers, mánager general de los Padres en el sitio web de dicha organización.