Los tres cuartos de siglo de vida que ayer conmemoró el presidente cubano Fidel Castro han dado lugar no sólo a grandes celebraciones, sino que han puesto sobre el tapete el tema de su sucesión al frente del régimen de la isla desde hace 42 años.
El leve desmayo que Castro sufrió el 23 de junio pasado durante un acto de masas en las afueras de La Habana, y donde por primera vez el pueblo vio desfallecer a su líder, colocó en el primer plano el tema de la salud del líder. Diez minutos después de ser retirado por sus escoltas y recibir atención médica, el Jefe de Estado regresó a la tribuna de oradores para tranquilizar a sus seguidores, afirmando que se encontraba "bien y entero" para continuar.
El incidente obligó a Castro a hablar públicamente sobre su sucesión y los dispositivos previstos para continuar la "obra revolucionaria" en Cuba. "Yo no sé qué día me voy a morir, pero me tiene sin cuidado", afirmó a la prensa seis después de su desvanecimiento, destacando que "ningún hombre es importante ni lo fue nunca" en la conducción de un proceso histórico.
Pero para aventar cualquier tipo de rumores, dejó en claro que su hermano Raúl Castro, de 70 años, actual ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y segundo secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC, único), es quien le debe suceder en el poder.
"Quien tiene la mayor experiencia y más conocimientos" para asumir la conducción política en la isla "es Raúl", enfatizó Fidel Castro, quien las últimas semanas intensificó sus apariciones públicas en actos, inauguraciones, marchas y programas de televisión, para demostrar su buen estado de salud.
Para este hombre luciendo una barba cana, andar a modo pausado al hablar, pero que mantiene una febril actividad y una infatigable capacidad de trabajo según comentan sus allegados- la revolución en Cuba no corre peligro con su desaparición física.