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¿Te equivocas? ¡A la hoguera!

“¿Quieres merecer la tolerancia? No seas fanático” Voltaire He reducido mis ejercicios del SÍ y del NO (afirmar y negar con la cabeza)


“¿Quieres merecer la tolerancia? No seas fanático” Voltaire

He reducido mis ejercicios del SÍ y del NO (afirmar y negar con la cabeza) de diez a cinco, pero aumenté su frecuencia. Por el resultado que me ha dado, lo sigo tomando en serio. Esos estiramientos y contracciones del esternocleidomastoideo alejan de mí algunos dolores; con ellos intento alcanzar lo que Schopenhauer llama “la verdadera sabiduría: no sufrir”. Ya antes le pasé el dato a mis lectores, no a los sabios, sino a los que, como yo, no son especialistas en nada, pero persiguen pasar la vida lo mejor posible. No resisto meter aquí uno de mis desaforados “¡splahs!: «hago más caso a la felicidad que a la verdad».

El ejercicio del que hablo mejora si lo acompañas con mensajes directos al cerebro: «Sí a la literatura… sí a la alegría… sí al amor… sí a la honradez… sí a la sabiduría. No al miedo… no al dolor… no a la estupidez… no a la miseria… no a la intolerancia. Pues bien, ahora agarro por el rabo a la intolerancia. Y es que la intolerancia tiene rabo. Creo firmemente en Voltaire cuando dice, “la intolerancia es el derecho de los tigres, lo cual es terrible, porque los tigres solo matan para comer, y nosotros nos exterminamos por párrafos”. ¿Razón? Claro que tiene razón. La tolerancia nunca inició una guerra, mientras la intolerancia destruyó millones de mentes.

Últimamente hemos sido testigos de varios errores públicos, gazapos, palabras escondidas, tristes fragancias de olvidos, de música con diferenes bemoles. Errores más que perdonables si los comparamos con otros que cuestan sangre y millones de dólares. Sin embargo no dejaron de atacar a la jovencita que se enredó en ardientes fulgores sin gloria; y otros casi tuestan a la que olvidó pedazos de la vida de un poema. Ha habido otros errores similares. Creo que es efecto de los ululantes ensayos de tambores (esos ruidos embrutecen). ¿Es que tú no te equivocas nunca? Si hilamos delgado bastaría con revisar cada una de nuestras frases del día para encontrar adefesios y ofensas injustificadas. Carajo, ¿pero qué hago? Estás pontificando, Neco.

Esta vez no quiero evitarlo. Es mi libertad. Lo más opuesto a la intolerancia. Tampoco tomes la libertad muy en serio, porque, como dice César Young: «¡Libertad, cuantos tangos se escriben en tu nombre!»


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952708
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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