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Tendencias y opiniones en la música clásica en Panamá

Existen tres tipos de oyentes: los profesionales de Conservatorio, los audiófilos fanáticos y el público en general. La musicología nos explica que los disonantes son experimentales y producen una música “atonal, única y nueva”, con “rica orquestación que denota tensión”, pero que incomodan con su sonido.


Este año, como una indicación de que hay un auge en la música clásica en nuestro país, hemos visto con alegría cómo se han presentado uno tras otro conciertos, ballets, festivales y dos óperas, en que se presentaron muchos intérpretes, solistas y orquestas, tanto nacionales como extranjeros, además de entrevistas y artículos magistrales en todos los medios de comunicación como "Día D", lo que ha venido a ser un respiro para los melómanos cansados de tanto regué y rock.

Varios maestros nos hablaron de obras presentadas en diferentes eventos de diversos compositores de distintos períodos desde Haydn o Beethoven hasta Mendelssohn, Ravel y Puccini. En otra ocasión, los concertistas esposos Ingram interpretaron un doble concierto para dos pianos de Mozart. Aplaudimos la iniciativa del nuevo Cuarteto Sonancias que interpretó un cuarteto de Messiaen, que pertenece a los disonantes modernos del siglo XX.

A través de casi seis décadas escuchando música clásica, múltiples personas de buen gusto se acercaron a preguntarnos "cómo se llama esa música" o "quién hizo esa música tan bonita"; se referían a pasajes de la "Fantasía de Romeo y Julieta" de Tchaikovsky, o al Concierto #2 de Rachmaninoff o a la sinfonía "Del Nuevo Mundo" de Dvorak, porque son obras del romanticismo que por sus hermosas melodías llaman mucho la atención. Y es precisamente ésta, la inmortal "Sinfonía #9" de Dvorak la que se presentó dos veces en el lapso de dos meses, tanto por la Sinfónica Juvenil de las Américas (YOA) como por nuestra Sinfónica Nacional, hecho que nos agradó mucho a los audiófilos y ésto no es coincidencia, pues se trata de una sinfonía apoteósica, alegre y muy melódica, una de las más populares.

En una entrevista por SERTV, el maestro Jaime Ingram nos mencionó los conciertos para piano de Rachmaninoff, como obras de perfección artística y su esposa doña Nelly Ingram en "La Prensa" nos habló de los conciertos #1 de Chopin y uno de Mozart, todos corresponden a los períodos clásico y romántico, y nos explica sobre las prácticas para "desarrollar el sentido del ritmo y la sensibilidad auditiva para poder comparar diferentes interpretaciones", y en esto la maestra tiene mucha razón, porque, aunque sea la misma obra musical, algunas "suenan algo diferente" con distintos solistas o conductores y así comparando pianistas, del concierto #2 de Rachmaninoff, nosotros preferimos la versión de Van Cliburn a Rubinstein, del #1 de Chopin, preferíamos Rubinstein a Brailowsky y del #27 de Mozart, preferíamos Casadesus a Serkin. También de la sinfonía "Del Nuevo Mundo" escogimos la versión de Bernstein/ New York Philarmonic a la de Reiner/ Chicago Symphony, cuando aún le llamaban la "sinfonía #5" (1963), solamente usando el oído, sin conocer de partituras. Estas comparaciones son más fáciles de hacer con música del clásico y romántico, pero para nosotros los legos es prácticamente imposible lograrlo con obras disonantes, pues nos es difícil identificar al tema principal, y además no sabemos si es que el músico que la interpreta se equivocó o es una nota así escrita en la partitura.

En el caso del Cuarteto de Messiaen, que es disonante, el Dr. Pardo Tristán nos explica con términos de musicología complicados, que elimina el "tiempo musical y el ritmo" de sus obras y nos recomienda que tenemos que "liberarnos de prejuicios y ser flexibles" al oírlas, que es algo muy difícil de hacer para los audiófilos tradicionales que no somos músicos y nos advierte que es una "música que suena rara" y claro que suena muy rara y desagradable, si en sus obras eliminan la consonancia y ritmo, ritmo que, según mi antigua profesora Zdenka Fischmann, va asociado a la armonía y tonalidad, y en el ritmo está la salsa de la música, y ritmo tiene la "Sinfonía de la Danza", la #7 de Beethoven, obra que nuestra Sinfónica Nacional interpretó en el Festival De Saint Malo, poniéndonos a todos a danzar en nuestros asientos con el rugido de los contrabajos, cellos y percusión que hacían vibrar rítmicamente el aire y las paredes del teatro.

Existen tres tipos de oyentes, los profesionales de conservatorio, los audiófilos fanáticos y el público en general. La musicología nos explica que los disonantes son experimentales y producen una música "atonal, única y nueva", con "rica orquestación que denota tensión", pero que incomodan con su sonido. Los que no somos músicos, buscando relajarnos, también encontramos una "rugiente y rica" orquestación "tensamente agradable" en obras de compositores con inspiración, como "Francesca Da Rimini" y sinfonía "Patética" de Tchaikovsky, "Consagración de la Casa", "Leonora #3" y sinfonía "Eroica" de Beethoven, las sinfonías #1 de Brahms, la "Fantástica" de Berlioz y "Júpiter" de Mozart, "Water Music" de Handel, "Cabalgata de las Walkirias" y "Venusberg music" de Wagner, etc., todas estas de entre el barroco al romántico, con pasajes que suenan ruidosamente al oído, pero rítmicas y melódicas, con muchos bronces y bajos denotando "acción", pero que relajan del estrés.

 

El motín más grande que recordaba la ciudad de París desde la Comuna y el incendio de las Tullerías, lo causó un músico: Stravinsky, en su estreno de "Ritos de Primavera", cuya música disgustó al compositor Saint Saens que se levantó y se fue, hecho que inició una batalla campal liderizada por Jean Cocteau contra los patrocinadores de la obra, trifulca en la que tuvo que intervenir la policía y todo esto, porque al público no le gustaban las disonancias de la obra. Este tipo de reacción sólo puede ocurrir en Europa, donde la gente está bien educada en música. Recuerdo que hace años, cuando llamábamos a "Radio Hogar" para solicitar música moderna disonante, los encargados del programa nos criticaban "nuestro mal gusto".

Nosotros los legos, usando la comparación, consideramos dos tipos de disonantes, los "extremistas" y traumatizantes al oído como Schoenberg, Bartok, Prokofiev, dodecafónicos, etc.; y los otros más "moderados" como Sibelius, Ravel ó Debussy, etc... Muchos directores de orquesta manifiestan su interés por obras de Stravinsky, por lo que bienvenida sea, pues la música moderna, y ojalá sea siempre presentada alternándola con clásicos-románticos, aunque también existen compositores modernistas como Ferde Grofé, al que muy poco se le menciona, pero que regaló a la humanidad la siempre aclamada "Suite del Gran Cañón", que no recuerdo que se haya presentado aquí en Panamá.

Existen grandes obras "modernas" populares como "Dafne y Chloé" de Ravel, "La Mer" de Debussy, las sinfonías "Titán" de Mahler, la #5 de Shostakovich, las dos primeras de Hanson, la #5 de Sibelius, la "Ilya Murometz" y la suite "Red Poppy" de Gliere, "Spartacus" de Khachaturian, "Muerte y Transfiguración" y "Así habla Zaratustra" de Richard Strauss, etc., que tampoco recuerdo se hayan interpretado aquí y que creo serían más asimilables para un público tradicional, por su menor disonancia y que podrían presentarse conjuntamente con los "disonantes extremos" para balancear el programa y dejarnos a todos contentos.

 

Podrían decirnos dos cosas: "¡Bah!, es sólo la opinión de un simple oyente", pero no es cierto, en realidad "mi nombre es Legión, porque somos muchos"; lo que sucede es que a los otros con quienes he conversado no les interesa escribirlo, no les conviene o no tienen tiempo y, si hemos oído a músicos profesionales quejarse de la música disonante, es por algo. Lo otro que pueden decirnos es que "no vayamos a las presentaciones de este tipo de música", pero nuestras orquestas, cuartetos o quintetos nos pertenecen a todos los panameños y son para divertirnos a todos y si no, ¿adónde vamos a ir los melómanos si no hay orquestas alternativas para escoger en este país inundado por el rock y regué?


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427347
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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