El Gobierno y el Congreso de Colombia analizan la posible injerencia del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en el conflicto interno, en medio de críticas de políticos que acusan al gobernante del país vecino de no ocultar sus simpatías hacia la guerrilla colombiana.
El presidente colombiano, Andrés Pastrana, y su ministro de Exteriores, Guillermo Fernández de Soto, se reunieron en Bogotá el lunes con el embajador en Caracas, German Bula Escobar, para analizar hechos que consideran hostiles de Venezuela.
Bula Escobar fue llamado en consultas el pasado viernes, luego de que dos guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) participaran en un foro realizado en Caracas, el pasado miércoles 22, por el Parlamento Latinoamericano.
Aunque Chávez y el canciller venezolano, José Vicente Rangel, aclararon que dicho foro no fue organizado por el Gobierno, el embajador se quejó de la "forma subrepticia y truculenta" en que los delegados de las FARC fueron incluidos en el programa "a última hora".
El foro analizó el Plan Colombia, una estrategia antidrogas de la Administración de Pastrana, al que Estados Unidos aportará 1.300 millones de dólares, que las FARC y el Gobierno venezolano coinciden en criticar.
El embajador colombiano Bula ha expresado su desconcierto por el hecho de que su escolta oficial en Caracas fuera retirada sin aparentes explicaciones.
El presidente de la comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de representantes colombianas, Manuel Ramiro Velásquez, acusó a Hugo Chávez de permisividad hacia la guerrilla colombiana y convocó a una sesión secreta de dicho grupo para analizar la situación.
El presidente de Venezuela atribuyó las críticas de los políticos de Bogotá a la "rancia oligarquía colombiana que no entiende de paz" y los acusó de oponerse al ideal de la "integración bolivariana".
Varios políticos colombianos contestaron calificando a Chávez de "desequilibrado mental" y Velásquez le pidió "bajarse de la nube de sentirse la encarnación de Simón Bolívar", héroe caraqueño que dirigió la independencia de Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia y Venezuela.
Las tensiones no son un fenómeno nuevo entre las cancillerías de los dos países, que comparten una frontera terrestre de 2.219 kilómetros de extensión y que nunca han definido sus limites marítimos en el Golfo de Venezuela.
Sin embargo, aunque en 1989 ambas naciones decidieron impulsar la integración y consiguieron incrementar notablemente el intercambio comercial, en los últimos años han sido frecuentes las alteraciones de orden público en la frontera por parte de guerrilleros, secuestradores y narcotraficantes colombianos.
Esta situación se ha producido luego del "incidente de la corbeta Caldas", un navío de guerra colombiano que tomó posiciones en el Golfo de Venezuela y fue enfocada con su radar de tiro por la fragata venezolana "Mariscal Sucre", en un hecho que estuvo a punto de desencadenar un enfrentamiento militar.
Desde entonces, los dos países acordaron tratar por separado el tema limítrofe de la agenda, para evitar mayores discrepancias.
Con todo, a menudo se producen roces entre la "Casa Amarilla" de Caracas y la cancillería bogotana de "San Carlos", pese a que los cancilleres Rangel y Fernández de Soto, y Chávez y Pastrana, se comprometieron a evitar la "diplomacia del micrófono".
Una de las más recientes desavenencias ocurrió hace dos semanas en Panamá, cuando ambos mandatarios asistían en Panamá a la Cumbre Iberoamericana y Pastrana increpó cordialmente a Chávez, por afirmar que en Colombia había guerra y no un "conflicto" de más de cuarenta años.