Entre extensos campos de flor de cempasúchil, plazas públicas y rincones históricos del municipio de Atlixco, en Puebla, las antiguas deidades mesoamericanas han cobrado vida en una de las expresiones culturales más impactantes de México: la sexta edición del Valle de Catrinas.
Este año, la muestra reúne 27 esculturas monumentales que fusionan la tradicional figura de la catrina con el panteón prehispánico, rindiendo tributo a la visión ancestral sobre la vida, la naturaleza y la muerte. Del total de piezas, 19 engalanan los puntos más icónicos de Atlixco —desde el Zócalo y el Cerro de San Miguel hasta mercados, viveros y panteones—, mientras que ocho esculturas cruzan fronteras para exhibirse en otras regiones de México y ciudades internacionales como Nueva York y distintas localidades de Alemania.
Los visitantes pueden admirar reinterpretaciones de deidades fundamentales de la cultura mexica y mesoamericana, como Tonatiuh (dios del Sol), Metztli (la Luna), Ehécatl (el viento), Tláloc (la lluvia) y el imponente Quetzalcóatl. Asimismo, destacan figuras como Huitzilopochtli, Mictlantecuhtli (señor del inframundo), Xochiquétzal, Xochipilli y Centeótl, dios del maíz.
El recorrido ofrece una experiencia visual única: de día, las colosales deidades contrastan con el intenso naranja de los campos de cempasúchil; al atardecer, la luz resalta sus intrincados detalles artesanales, y durante la noche, un cuidada iluminación transforma por completo el paisaje.
La propuesta ha cautivado a miles de turistas nacionales e internacionales. Visitantes como Juana Mondragón, del Estado de México, y Belén Martínez, de Toluca, coinciden en la maestría del talento artesanal y el profundo valor cultural de la muestra, la cual no solo rinde homenaje a quienes ya no están, sino que conecta a las nuevas generaciones con la riqueza espiritual del México prehispánico.