Uno de los testigos "clave" de la Fiscalía, el indigente Rubén Chanax Sontay, se presentó a declarar ayer de forma sorpresiva en el juicio abierto contra tres militares, un sacerdote y una empleada doméstica, acusados del asesinato del obispo guatemalteco Juan Gerardi.
Chanax, quien lleva un chaleco antibalas, permaneció en las afueras de la sala de debates, en la Corte Suprema de Justicia (CSJ), hasta momentos antes de que se iniciara la vigésimo cuarta audiencia.
El fiscal especial del caso Gerardi, Leopoldo Zeissig, notificó al juez José Eduardo Cojulún de la presencia del indigente, y el funcionario judicial lo citó a declarar.
En la audiencia de ayer estaba previsto la presentación de 18 vídeos, como parte de la prueba documental que han presentado las partes, pero la comparecencia de Chanax cambió la diligencia.
Chanax entró en la sala de audiencias custodiado por al menos cinco agentes de la Fiscalía, que le presta una protección especial.
En su declaración, el indigente relató que durante sus años como soldado en el Cuerpo de Ingenieros del Ejército -no precisó la fecha-, había trabajado para el servicio de espionaje conocido como "G-2".
Chanax afirmó que fue reclutado como "informante" por un coronel del Estado Mayor Presidencial (EMP), cuando se dedicaba a cuidar vehículos en el Parque San Sebastián, dónde también esta ubicada la casa parroquial en la que fue asesinado el obispo Gerardi.