Ninguna columna de ningún periódico deportivo, en ninguna parte del mundo, puede ser cien por ciento objetiva, porque la objetividad real casi no existe.
Mientras para el 50% de nuestros lectores estamos diciendo la verdad exclusiva, para el otro 50% exageramos y mentimos.
Hechos, acontecimientos o ideas llevan el mayor grado posible de objetividad, al salir en el periódico, pero se convierten en dudas o incertidumbres cuando rozan la otra parte de la columna, la que corresponde a los lectores.
Por ejemplo, Melitón Sánchez, será para muchos el odiado dirigente deportivo, que debe abandonar para siempre el timón de la dirigencia; en tanto, para muchos ha cumplido con el mandato que se le confió.
Igual ocurre con Miguel Vanegas, bueno para unos, malo para otros, o con Ramón Cardoze o con Ariel Alvarado o con cualquier figura pública, según de qué lado usted se ponga. Lo mismo es en toda la política deportiva: para quien ocupa alguna Federación, todo va bien. Para los opositores es todo lo contrario.
Repetimos: la verdad o la objetividad absoluta casi nunca son posibles en la práctica. El columnista trata de "oír las dos campanas", para informarse y a la vez informar. Muchas veces recorre largos caminos en busca de ejercer éticamente su derecho a decir, pero no puede, por humano, asegurar que su verdad es la verdad de los lectores. Todo es según el color del cristal con que se mira.