Era mas de la una de la tarde cuando se fijaron los carteles en que se dio la noticia al público; a las dos de la tarde estaba constituido el Consejo; a las 8 a.m., del día 15 se había dictado la sentencia de muerte y a las 5 p.m., Lorenzo era cadáver !, destrozado por treinta y seis balazos que le dispararon con once rifles a diez pasos de distancia...Fue negada la solicitud de sus amigos para que se le entregara el cuerpo para darle sepultura. A las ocho de la noche fue llevado el cadáver en la carreta a la huesa común. Lorenzo valiente protestó su inocencia..."Muero como murió Jesucristo..Yo los perdono.."...La víctima perdonó a sus verdugos, pero al historia no los perdonará jamás. Era la hora negra de las siniestras venganzas...El General Lorenzo fue víctima escogida y el anfitrión de los banquees patibularios en Colombia se hartó una vez más...El sacrificio inútil quedó consumado...La inquina había traspasado los limites del odio para tocar en las puertas del salvajismo...Ya la víctima no existe, pero ha sonado la hora de la reparación postrera y todos deben responder al toque de llamada para deslindar responsabilidades...Cada cal que pase a ocupar su puesto en el banco de los nuevos acusados..."
Conocí a Marcos desde otra dimensión, en su vida publicitaria; yo formaba parte de la comisión mixta de los ministerios de Gobierno y Justicia y Salud que analizaba la publicidad relacionada con el tema de salud. En este escenario coincidíamos, él desde su perspectiva de ejecutivo de cuentas en la empresa que además gerenciaba y yo, como funcionario público, miembro de un organismo no muy estimado por aquel sector.
Pese a que los encuentros por motivo de trabajo no eran tan fluidos -más eran los desacuerdos que las coincidencias-, pude conocer la faceta que escondía este ejecutivo de corbata, cuyos penetrantes ojos connotaban una permanente insatisfacción con la superficialidad, los lugares comunes y el aspecto banal de los acontecimientos cotidianos.
La noche de la presentación del libro que le hace protagonista de un período importante del siglo XX y del desarrollo de la pintura, Marcos dejó entrever una tarea no resuelta en Panamá sobre la ética publicitaria. La convicción con que mencionó esto, hace pensar en la necesidad de abrir una discusión sobre este tema y consolidar una especie de orientación de valores en esta actividad; en principio una "quijotesca" experiencia, pero que resulta impostergable.
La iniciativa publicitaria y las tareas realizadas por Marcos, constituyen uno de los capítulos del libro de Mónica Kupfer que divide su estructura en períodos históricos, 1930-1956, 1957-1964, 1965-1986, 1987-1997 y 1997-2004. Cada una de estas etapas reúne al final una colección de pinturas que permite apreciar la evolución de la obra de este creador. Esta biografía contiene además una lista de trabajos y una relación cronológica.
El documento de Kupfer no solo expone un seguimiento a la vida del pintor, sino que hace una análisis del desarrollo de su obra. El ojo crítico de la autora, le permite seguir las variaciones artísticas y creativas que se manifiestan en las pinturas de Marcos y su esfuerzo por adquirir una creciente composición ingeniosa, lúdica, fantástica, abstracta o de reflejar la realidad con una hermosa pero compleja simplicidad.
Una de las últimas etapas de la pintura del artesano Marcos le ha hecho jugar con la vida cotidiana, como son sus rostros de personajes, la colección de puertas donde se atisba escenas de la intimidad social o juegos absurdos con elementos comunes en circunstancias ilógicas, botones o cremalleras que cierran la espalda de una dama, un grifo en lugar de los órganos genitales de un hombre u ojos de tornillos en personajes prototípicos.
Las miradas en los personajes multiplicados en los lienzos son la visión del autor sobre la realidad, el mundo y los diversos escenarios en que ha sido testigo, donde ha vivido una vez, pero que ha requerido de diversas vidas para percibir en toda su complejidad, los manifestaciones de una época importante, porque se han dado transformaciones que cambian en su totalidad la historia del hombre.
Cincuenta años de vida ligada al arte producen una obra que es testimonio de una época, sobre todo si se ha mantenido el ritmo de una incesante producción. Las etapas en su pintura marcan diversos encuentros de él con las circunstancias, diferentes acercamientos que se reflejan en su sensibilidad, convertida en tonalidades que van desde el gris hasta vivos colores que connotan un entusiamo juguetón y melancólico.
Una colección de este trabajo se exhibe simultáneamente a la publicación del libro en el Museo de Arte Contemporáneo y permite apreciar en un solo escenario, toda la producción creativa de Juan Carlos Marcos en cinco décadas. Ambas, biografía y exposición, son el mejor homenaje a este talentoso artesano en esta tierra que le considera también un hijo pródigo y a la vez prodigioso.