La carrera por conseguir la sede de los Juegos Bolivarianos de 2013 ya comenzó y Panamá está dispuesto a jugarse todas sus fichas.
Edwin Cabrera, el encargado por el gobierno nacional para la obtención de los juegos, manifestó ayer que conseguir los votos de Perú y Bolivia resultará clave para alcanzar el objetivo.
Aseguró que la obtención de la sede es un tema de Estado y se está trabajando con toda celeridad para no perder tiempo. Por tal motivo, se designó una comisión que viajará a reunirse con los encargados de tomar la decisión.
La delegación panameña estará integrada por la actual dirigencia del Comité Olímpico de Panamá (COP). Concretamente, el presidente del COP, Miguel Sanchiz, y el secretario general de esta organización, Frank Wever, serán los encargados de convencer a los delegados sudamericanos cuando se reúnan a atender la solicitud.
"Trataremos de ir acompañados con una delegación de la Autoridad Panameña del Turismo para vender los atractivos que tiene el país y expresar el compromiso que tiene el Gobierno nacional para construir las villas olímpicas", recalcó Cabrera.
Indicó que uno de los puntos favorables es el variado número de infraestructuras hoteleras próximas a los coliseos con que cuenta nuestro país.
Por su parte, el presidente de la Federación de Patinaje, Manuel Salazar, fue claro al manifestar que no asistirá a los juegos de Sucre, Bolivia, por la problemática que ha generado la directiva del COP, pero no se opone a que se realicen los juegos aquí en Panamá.
“Yo considero que es muy positivo que se celebren estos juegos aquí y que el Gobierno se interese en organizarlos, porque se van a construir infraestructuras que no tenemos y que serán de beneficio para el deporte en general”, dijo.
Salazar insistió que no apoya a la actual dirigencia del COP, pero tratándose de un beneficio para el deporte panameño ha hecho una excepción en cuanto a este último punto.
En la misma posición, se encuentran otros dirigentes deportivos que resolvieron no enviar a sus atletas a los juegos Bolivarianos como una manera de protestar contra las actuales autoridades del Comité Olímpico de Panamá.