Bicampeonato para Muñoz
- El panameño Nicolás Muñoz cerró ayer un año 2012 lleno de gloria, ya que logró coronarse en los dos semestres del fútbol salvadoreño y en ambos terminó siendo el máximo artillero.
Lloraba abrazado de su padre, con la bandera panameña sobre su espalda. Así celebraba el delantero istmeño Nicolás “Yuyu” Muñoz la consecución del título, luego de que su equipo, el Isidro Metapán, derrotase ayer, desde el punto penal, 4-3 al Alianza, en la final del Torneo Apertura 2012 del fútbol salvadoreño, tras haber empatado a uno (1-1) durante los 90 minutos reglamentarios y en los 30 de los tiempos extras.
“Es una alegría increíble... ha sido un año muy lindo para mí... detrás de todos estos triunfos está mi familia”, manifestaba Muñoz, quebrantado y alegre a la vez, a un medio cuscatleco. Solo hizo terminar de hablar cuando su padre tomó la palabra: “Él (Muñoz) es un goleador y hará goles donde sea... hay mucha gente que lo quiere y respalda”, expresaba el progenitor de Muñoz, invadido por la euforia.

El encuentro resultó ser muy parejo. Muñoz casi no entró en contacto con la pelota en la primera parte; Alianza fue superior.
En el complemento, cambiaron los papeles y Metapán tomó el control de las acciones.
Sin embargo, el cero en el marcador se mantuvo y todo tendría que definirse entonces en el agregado.
Los primeros 15 minutos fueron de Metapán que, sin embargo, no pudo capitalizar su superioridad. Pero en el cierre, los jugadores de este plantel acariciaron por un instante la copa, cuando al 106, Muñoz cobró un tiro libre que terminó incrustándose en el marco rival, con la colaboración del arquero de la escuadra contraria.
A cinco minutos del final, el jamaiquino Sean Fraser emparejó la pizarra y llenó de más dramatismo la final, el cual se trasladó hasta los lanzamientos desde los 12 pasos.
Luego de los primeros cinco cobros, cada equipo había acertado cuatro -incluido el del ariete canalero- y fallado uno. El campeón se definiría en muerte súbita.
El veterano portero del Alianza, Miguel Montes, tomó la responsabilidad y su remate fue tapado por Fidel Mondragón.
La carga recaía entonces sobre el joven zaguero Milton Molina, quien no se dejó envolver por los nervios y la tensión que genera este momento, disparó con frialdad y le dio la corona al Isidro Metapán.