Desde Rusia, Japón o Colombia, periodistas llegan a la mina para relatar la proeza


Desde Rusia, Japón o Colombia, centenares de periodistas han llegado estos días a la mina San José para cubrir el rescate de los 33 obreros atrapados a 700 metros de profundidad y comparar su proeza con situaciones similares vividas en sus países.


En tanto, los mineros están recibiendo por videoconferencia clases de oratoria para enfrentarse a la horda de periodistas que les esperan en la superficie, pertenecientes a los 130 medios internacionales y 50 nacionales que se han acreditado.


Curtido en numerosas guerras, como las de Irán y Afganistán, el periodista ruso Leonid Kanfer llegó junto a su camarógrafo hasta este apartado rincón del desierto de Atacama tras veinticinco horas de viaje desde el otro extremo del planeta.


Kanfer trabaja desde hace nueve años para el canal REN TV, que es el único medio ruso que se ha desplazado hasta el yacimiento San José, escenario de un acontecimiento que en su país resulta interesante por las similitudes con la situación de la minería en Rusia.


"En Rusia también hay bastantes minas, de vez en cuando hay accidentes, hay tragedias, y es muy interesante la forma en que el Estado enfrenta el problema y cómo se ve el trabajo del minero", dice a Efe.


"Tratamos de comparar el problema de la minería chilena con la rusa", precisa Kanfer con la ayuda de Oleg Yasynsky, un fotógrafo ucraniano afincado en Chile que hace las veces de traductor.

 

Pertrechado con una cámara, el periodista japonés Marcos Naoki Takemuta se mueve por el campamento "Esperanza" con una sonrisa en el rostro, tras la que esconde su acento brasileño, huella del país en el que tiene su base de operaciones.


Takemuta, enviado especial de TB5 del país asiático, llegó el pasado 27 de septiembre a la mina junto a otros dos compañeros.


Allí se encontró con otros compatriotas que envían sus despachos para otras dos televisiones de Japón, una estatal y otra privada.

 

Cuenta Takemuta que esta expectación se debe a que la proeza de los mineros constituye "un acontecimiento único: lograron un récord de permanencia debajo de la tierra y para los japoneses es una muestra de una fuerza muy grande, de un gran samurái".


Entre las decenas de periodistas que cada día recorren la mina, se oyen saludos en inglés, conversaciones en francés y, por supuesto, muchos acentos latinoamericanos: argentinos, peruanos, colombianos.


Una de esas voces es la de Luis Efranco, de RCN Colombia, que destaca la dosis de humanidad que destila la experiencia que están viviendo los mineros frente a los dramas que se viven en su país, entre guerrillas y narcotráfico.

 

Para él también han sido importantes las muestras de solidaridad que se han profesado entre los periodistas, algo que cobra aún más importancia cuando en medio del desierto los medios técnicos y materiales son muy limitados.


Todos estos periodistas y camarógrafos, que han establecido una relación de buena convivencia con familiares de los mineros y encargados del rescate, afilan ya sus lápices y micrófonos para entrevistar a los protagonistas, cuya salida se espera para los próximos días.


Pero los mineros, poco acostumbrados a los focos de la fama, están recibiendo instrucciones para lidiar con las preguntas más incisivas.


A ello se dedica, durante una hora al día, Alejandro Pino, periodista y miembro de la Asociación Chilena de Seguridad.


"Les dije que no miren al periodista como un enemigo, como una persona agresiva", explica este hombre, que ya envió a los 33 mineros un ejemplar de su libro titulado "Técnicas de oratoria".


"Les dije también que iban a tener cien o doscientos micrófonos de vociferantes periodistas que van a estar lanzándole cada uno una pregunta. Ustedes, la primera que escuchen, ésa la contestan", dice Pino, como ejemplo de la avalancha de interrogantes que seguirán a los mineros en su vuelta a la superficie. Fuencis Rausell


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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