ECOLOGISTAS** Las organizaciones ecologistas panameñas y, en especial, las chiricanas, se aprestaban ayer a ultimar detalles para dar “la madre de todas las batallas” cívicas, en defensa del Parque Nacional Volcán Barú, el cual consideran seriamente amenazado por la carretera que unirá a Cerro Punta con Boquete y que acabará -según ellos- con el “Sendero de los Quetzales”, un santuario de exóticas aves y especies vegetales.
CARRETERA** Planean cerrarle el paso a la gruesa columna de tractores y equipo pesado del Gobierno que avanza lentamente hacia el lugar, mediante una cadena humana que acordone el parque, haciendo relevos de 24 horas. Aquello no tiene precedentes en nuestro país y requiere de una logística tan complicada que, de realizarse, sería una proeza. Por las noches, hace un frío intenso, que se vuelve más incómodo por la constante lluvia.
APOYO** El solo hacer llegar alimentos, agua y abrigo a los participantes de la protesta sería una quimera. Pero están animadísimos con el apoyo de un aliado poderoso e inesperado, Leopoldo Garza, jefe de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo (USAID), quien dijo que “comparte la posición de los ecologistas panameños”, aunque advirtió que para triunfar es necesario “una mayor alianza” de ambientalistas, medios y sociedad civil.