Los dos grandes rivales de la aeronáutica mundial, el europeo Airbus y el estadounidense Boeing, libraron esta semana una guerra de imagen en el Salón aeroespacial Maks, cerca de Moscú, elogiando sus planes de cooperación con la industria rusa con la esperanza de conseguir pedidos.
Pero por ahora el gobierno ruso aplica tasas a la importación muy altas de hasta el 40% para proteger a los constructores locales que, excluyendo el sector militar, han visto su producción derrumbarse desde la caída de la Unión Soviética.
Y esto a pesar de que las compañías de aviación rusas se quejan de no poder renovar su flota para satisfacer un tráfico aéreo en pleno auge.
"No hemos venido a competir con la industria rusa, sino a cooperar con ella", afirmó Serguei Kravtchenko, presidente de Boeing-Rusia-CEI.
"Seamos claros, las tasas son muy elevadas, no tenemos forma de cambiar la política fiscal del gobierno, pero podemos convencerlo de la calidad de nuestros aparatos", dijo Christian Scherer, vicepresidente de Airbus y subdirector de ventas.
Partiendo de esta premisa, los dos gigantes desplegaron todo su encanto tecnológico y comercial para seducir a un mercado goloso. Por ello esperarán propuestas.