Los países latinoamericanos desde la crisis del "tequilazo" en 1995 han sabido administrar por los últimos 13 años la crisis económica y se la ingeniaron para salir adelante.
Entre las medidas pensadas fué precisamente el control y la supervisión de todas las operaciones bancarias y financieras, además de una serie de prohibiciones a fideicomisos de administración de capitales, fondos de inversión y administraciones de fondos de pensiones entre otros.
Sobre este tema, los países europeos y los estadounidenses deberían aprender de nosotros los latinos. Hay que recordarles que estos países desde los inicios de su vida republicana en 1821 nos tuvimos que proteger de los estafadores europeos y gringos que venían a saquear nuestros incipientes bancos.
Esta administración latinoamericana de su crisis económica y protección de sus esfuerzos, le permitió ahorrar para los malos tiempos y estos malos ratos están en la palestra latinoamericana hace dos años, razón por la cual el golpe del "cañazo" no le llegó en toda su envergadura.
Los países latinoamericanos están más o menos estables, aunque el panorama es endeble en la economía mundial. Por razones abvias se han perdido mercados que no tienen la capacidad adquisitiva del pasado y se ha reducido el uso del crédito productivo.
El mismo error se cometió desde el tiempo de la crisis energética de los años 70 y el "tequilazo" que fué desincentivar la producción y abandonar prácticas de abonamiento de las plantaciones de productos tradicionales y desincentivar la producción de productos no tradicionales.
Esto también arrastró a la agroindustria y a las industrias nacionales en general.
Como siempre, se repitieron las políticas erróneas bancarias de la contracción de crédito y cuando el mercado mejoró, las plantaciones estaban desnutridas por falta de abono y volvimos a perder la oportunidad de la sed de los mercados que repuntaban de nuevo.
El ciclo se repite con los genios bancarios que tenemos y los ministros de hacienda que como decía un dictador caribeños que aún está vivo "los banqueros con mentalidad de bodegueros, sólo saben guardar plata".
Los países latinoamericanos nos dedicamos a producir materias primas y a subsidiar a los países desarrollados con malos precios en las mismas.
Les vendemos café y cacao baratos y nos lo mandan con precios de hasta un 500% ya industrializados desde países que no tiene ni una sóla mata de café, ni arbusto de cacao.
Todo esto gracias a nuestros viejos banqueros que nunca tuvieron visión para crear una industria gourmet en alimentos y de postres para exportar las materias primas ya procesados y listas para su consumo como lo hacen las industrias argentinas.
Las torpes políticas impulsadas por gobiernos y banqueros de prestar dinero para importar alimentos y no prestar para la agroindustrialización ni siembra, es la que nos tiene sumidos en el actual hueco de la escasez de alimentos, tanto para consumo interno como para el consumo externo.
Como países, somos ricos en producir materias primas, tenemos diversidad de climas para producir lo que sea y tener mano de obra, mal pagada, pero no esclava como la de China, India y Paquistán.
Por más que critiquemos a nuestros programas de educación nacionales, tenemos una rica herencia de ella, el humanismo, que nos caracteriza y que nos impide explotar a nuestros semejantes para hacer plata a como sea.
En la región latinoamericana somos más socialistas que comunistas porque creemos en un Dios al que le tememos.
La crisis económica en sí, ha sido bien manejada en América Latina con todas las previsiones para evitar estafas, eso fué lo que no permitió que los papeles basura de Wall Street se compraran y vendieran por estas latitudes. Los grupos de judíos, nacionales, indúes y árabes que perdieron plata en esas estafas de papeles e instituciones maquilladas en los libros contables con la ayuda de las más famosas firmas de auditores del mundo, fué porque por su codicia cayeron en bancos, financieras y administradoras de inversión en territorio norteamericano y europeo.
Lo que sí deben aprender de nosotros los latinoamericanos, los europeos y los estadounidenses, es copiar nuetras leyes de protección de las inversiones, de los accionistas minoritarios, de los papeles que se quieren emitir y de regulaciones del mercado, pues las estafas de ingleses, franceses, belgas e indúes por estas tierras desde 1821, nos permitieron protegernos bajo el lema popular de "al perro sólo lo capan una vez y con las estafas nos habían capado varias veces engañando a nuestros próceres".