La inflación, el encarecimiento en el costo de la vida y los altos precios en la gasolina no han sido impedimentos para que los panameños dejen de apostar en los casinos y salas de juegos.
Esta industria refleja unos $28.6 millones más en concepto de apuestas hasta febrero, si se compara con igual período del 2011, según las estadísticas de la Contraloría.
De enero a febrero del 2010 las apuestas fueron por $202 millones y en el 2011 sumaron $230 millones .
Los ingresos más importantes dentro de las actividades de esparcimiento se registran en las máquinas tragamonedas con $176 millones, un incremento de $29 millones, mientras en las mesas de juego se dieron apuestas por $42 millones .
Esto se debe a dos factores: el número de máquinas que operan en las salas de apuestas ahora es ilimitado y por el otro lado los casinos se están instalando en lugares más accesibles, señaló Antonio Alfaro, presidente de la Asociación de Administradores de Juegos de Azar (ASAJA).
Dijo que la actividad en la industria de azar ha cobrado mayor dinamismo, luego de que el gobierno eliminara el límite de máquinas tragamonedas activas en las salas de juego.
Antes cualquier negocio podía operar con 500 máquinas como mínimo, explicó Alfaro, añadiendo que ahora se permite un número ilimitado de tragamonedas tipo “A”.
Actualmente operan en el país 15 casinos completos a nivel nacional, según la Junta de Control de Juegos .
Lo más preocupante en todo esto es que el Estado está promoviendo por un lado el incremento de máquinas activas en salas y por otro lado la instalación de casinos en lugares de escasos recursos, hizo hincapié Yakarta Ríos, presidenta de la Asociación Panameña de Consumo Ético.
También le llama la atención que cuando los consumidores enfrentan una crisis alimentaria, se emitan indicadores y estudios que pretenden descalificar al panameño, con la finalidad de quitar responsabilidad a los especuladores que propician el alto costo de los alimentos y así librarlos de la responsabilidad que tienen en la distorsión del mercado, desviando la atención y de paso alegar que el panameño gasta en todo, menos en comida.
“Los altos precios en los alimentos y la inflación son una realidad, demostrada por los indicadores gubernamentales”, enfatizó Ríos.