El FMI concluyó ayer su inspección en Argentina, donde advirtió al Gobierno y a los líderes de todos los sectores de poder que el país quedará huérfano de apoyo internacional si se resiste a aplicar un duro ajuste fiscal y reformas en favor de una plena libertad de mercado.
El peligro para el Gobierno del presidente Eduardo Duhalde es que si el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los organismos multilaterales le escatiman los fondos frescos, no tendrá aliento para enfrentar una eventual escalada inflacionaria.
La variación de precios minoristas acumula un 10% en lo que va del año, pero el aumento es mayor si se miden solamente los precios de la canasta familiar, que impactan directamente sobre los congelados salarios, en tanto la proyección anual de inflación alcanza al 60%, según los cálculos privados más conservadores.
Duhalde ha quedado así atrapado entre la espada del FMI y los grupos económicos que le piden mantener las reglas de juego impuestas por la globalización de signo neoliberal, y la pared de una situación social explosiva, con casi la mitad de la población de 36 millones sumida en la pobreza.
La desocupación y la subocupación se ensaña con casi siete de los 14 millones de trabajadores, en tanto unos 100,000 comercios han cerrado sus puertas este año y 1,4 millón de ahorristas que depositaron dólares recibirán pesos devaluados (hasta ahora en un 65%) por el confiscatorio congelamiento de los fondos bancarios.
Anoop Singh, el indio que dirige el área de Operaciones Especiales del organismo, ocupó durante una semana el centro de la escena y le advirtió al Gobierno, al Parlamento, a los partidos políticos y a los sindicatos que no hay otro camino que profundizar el modelo.
"Sin acuerdo con el FMI, el futuro será penoso", adivirtió Singh sin medias tintas, cuando dio una inédita conferencia de prensa en la sala de audiencias que solamente utiliza el ministro de Economía, Jorge Remes Lenicov.