Desde que Balboa descubrió el Océano Pacífico en 1513, esta área ha sido uno de los campos de batalla geopolítica más grandes de todos los tiempos. Los competidores pueden haber cambiado, ya que la preponderancia de España e Inglaterra cedió el puesto en el siglo XVIII a una lucha por construir el Canal y puso a Francia contra Estados Unidos; pero lo cierto es que la conexión entre el control del Istmo y el dominio del comercio mundial ha permanecido constante.
Ahora que Estados Unidos ha entregado formalmente el Canal a Panamá, comienza una nueva fase del Gran Juego. Esta vez emergen como jugadores las grandes potencias comerciales del Asia ya que el canal no es tan importante ahora para Estados Unidos y sí lo es para las potencias emergentes del Pacífico que dependen tanto de la exportación de sus productos.
Antes de que el canal fuera construido, los Estados Unidos, que surgía entonces como una potencia mundial, lo visualizó como la mejor manera de llevar personas y mercancías del Atlántico al Pacífico y para unificar a su Armada que ocupaba los dos océanos. Pero hoy día los portaaviones son demasiado grandes para pasar por las esclusas (y los submarinos que llevan misiles son demasiado secretos para pasar) y últimamente cada vez más las compañías de Estados Unidos están prefiriendo usar otras rutas para mover sus productos de costa a costa.
Para los intereses marítimos asiáticos, sin embargo, el canal es ahora indispensable. Estados Unidos es aún el mayor usuario, pero las naciones del Asia están rápidamente alcanzando ese volumen. China, Japón, Corea y Taiwan están entre los 10 mayores y una carga típica hoy día puede ser frijoles de soya del Brasil o petróleo de Venezuela en camino hacia Asia a cambio de automóviles o artefactos electrónicos destinados a la Zona Libre de Colón.
Como resultado varias compañías taiwanesas y coreanas están construyendo parques industriales por separado, y un parque de gigantes de la industria marítima con lealtades políticas opuestas están sólidamente instalados en los puertos a ambas entradas del Canal: Chang Yung-Fa, con su Evergreen Maritime Cop. en Colón, y Li- Ka-Shing de Hong Kong con su Hutchison-Wampoa, que se entiende con Beijing, en Balboa.
Roberto Eisenmann, un prominente hombre de negocios y asesor de la presidenta Mireya Moscoso, dice: "Para los panameños es más fácil relacionarse con hombres de negocios norteamericanos que con los chinos y japoneses porque culturalmente se sienten más a sus anchas con los primeros. Pero los gobiernos de Asia han sido mucho más agresivos que Estados Unidos en buscar oportunidades aquí".
En Washington solamente los grupos de conservadores, que creen que muy pronto el Ejército Popular de Liberación va a estar reemplazando al Comando Sur, parecen interesarse en el Canal. El exsecretario de Defensa, Casper Weinberger advirtió este mes que la China está buscando "consolidarse en los tres sitios más estratégicos del mundo" mientras que el líder de la mayoría del Senado, Trento Lott, teme que "los buques de la Armada de Estados Unidos estarán a merced de prácticos controlados por los chinos y podría hasta negársele el paso por el Canal. Esto, sin embargo no es muy factible, ya que Estados Unidos es el único país que tiene, por tratado, el derecho de intervenir si tal cosa ocurriese.
Y lo que es más interesante tal vez, es que, enfocándose en lo militar, se pasa por alto el hecho de que China tiene muchas más posibilidades de convertirse en una potencia mundial por medio de la expansión de su comercio que habiéndoselas militarmente con Estados Unidos en el Hemisferio Occidental.
Tal vez la lucha más significativa que se está librando aquí es una intensa competencia entre China y Taiwán, en bien de intereses que son políticos y económicos, según Ricardo Arias Calderón, antiguo vicepresidente de Panamá.
China y Taiwan están actualmente, compitiendo en el Mar del Sur de China y ahora ambos están estableciendo su presencia en el otro lado del Pacífico.
Por supuesto, que hoy día el poder y la influencia pueden ejercerse de manera mucho más sutil que como se hacía antiguamente, estableciendo colonias o enviando a la flota, como los británicos acostumbraban a hacer. Ninguno de los dos estados chinos está en posición -o siquiera parecen desear- ocupar el papel de los americanos como defensores del canal. No: su rivalidad se ha centrado en las facilidaes comerciales y en alrededor del canal y en ganarse los mercados latinoamericanos.
Japón también está buscando influencia y ganancias aquí. Ha hecho un estudio para un tercer juego de esclusas y está ofreciendo financiar un nuevo puente con condiciones exageradamente generosas.
Sin embargo, ni Panamá ni los asiáticos pueden garantizar la seguridad del canal. Esto ha sido históricamente la responsabilidad de Estados Unidos, así como garantiza que las vías oceánicas permanezcan abiertas en Asia. Pero la tarea de defender el Canal ha cambiado enormemente en el último siglo, porque la naturaleza de la guerra ha cambiado también.
Volando en helicóptero sobre el canal con Nicolás Ardito Barletta, director de la ARI, y mirando hacia bajo a la red de represas y esclusas que contienen a los lagos Gatún y Madden, la vulnerabilidad del canal a un misil es evidente. Barletta dice "el canal estaría cerrado por dos años en caso de que un misil explotara aquí. Por eso es que "la mejor garantía del canal es su neutralidad".
Hay otro punto a considerar y es la inestabilidad de los vecinos latinoamericanos de Panamá. Sería de temer que surgieran ataques terroristas o sabotaje de parte de ellos.
Las FARC Colombia seguramente no le harían ningún caso a la neutralidad declarada del canal. Como para dar a entender su capacidad para causar problemas, el grupo la semana pasada asaltó la base naval de Colombia cercana a Panamá.
También han habido incursiones de guerrilleros colombianos y escuadrones de la muerte paramilitares dentro de la provincia panameña del Darién. Eisenmann dice que los panameños "tienen que ser muy cuidadosos" acerca de cómo responden, porque podrían verse bajo presión internacional de revivir unas fuerzas militares que han sido siempre corruptas y represivas.
En el canal actualmente la palabra más usada por sus nuevos dueños es "diversificación". Y la profusión de nuevas grúas Hyundai y locomotoras Mitsubishi hablan de la modernización del canal. Lo que no se sabe es si Estados Unidos va a emerger como el primero o como algo menos.
Ricardo Martinelli, el ministro del Canal dice que "nos gustaría que las compañías americanas ofrecieron los mejores términos, pero estamos viviendo en un mundo globalizado que es muy competitivo. Esa es la nueva realidad, así que bienvenidos a la selva".