Además de recibir un aluvión de extranjeros atraídos por un cambio del dólar favorable, los argentinos se han volcado masivamente en el turismo interno para una Semana Santa que promete ser un bálsamo en medio de la crisis.
"Tenemos perspectivas excelentes", dijeron ayer a EFE fuentes de la Secretaría de Turismo y Deporte sobre los cinco días de vacaciones de los que dispondrán los argentinos a partir de hoy, jueves.
Las razones de esta suerte de explosión turística en Argentina están directamente vinculadas a la devaluación del peso, que en tres meses ha perdido un tercio de su valor frente al dólar estadounidense.
El precio del billete verde, que durante más de una década estuvo a la par de la moneda local, hace que los argentinos acostumbrados a recorrer el mundo restrinjan al máximo sus viajes al exterior y al mismo tiempo favorece la llegada de turistas extranjeros.
A ello se añade la variedad de destinos que ofrece un país donde los visitantes pueden optar por las grandes ciudades, los glaciares y los lagos australes, las cataratas y la selva del litoral, las quebradas y los valles norteños o la extensa costa del Atlántico.
En centros tradicionales como el glaciar Perito Moreno, las cataratas del Iguazú, las provincias de Córdoba y Mendoza y las ciudades de Bariloche y Mar del Plata el nivel de reservas promedia el 80 por ciento y supera ampliamente el de años anteriores, señalaron desde la Secretaría de Turismo.
"La mayoría de los viajeros procedentes del exterior llegarán desde Brasil, Chile y Uruguay, ya que para los habitantes de los países limítrofes Argentina se ha convertido en un país mucho más barato", añadieron.
Pero gran parte de la expectativa también está puesta en el turismo interno durante esta Semana Santa atípica, ya que a los tradicionales Jueves y Viernes Santos este año se añadió el lunes debido a que el Gobierno adelantó un día el festivo del 2 de abril, fecha en que se recuerda el desembarco de tropas argentinas en las Islas Malvinas en 1982.