Los bonos argentinos caían ayer abruptamente mientras el riesgo país de la vapuleada tercera economía latinoamericana se disparaba por las nubes debido al enojo que provocó entre inversores un emplazamiento del Gobierno para que participen en un masivo canje de deuda.
La operación financiera busca evitar que el Estado argentino se hunda en un incumplimiento de pagos de su voluminosa deuda de 132,000 millones de dólares, lo que desescadenaría una crisis dentro de los mercados emergentes como la provocada por la moratoria rusa de 1998.
En su afán por convencer a los inversores internacionales de que se sumen a la reestructuración voluntaria de la deuda, el ministro de Economía, Domingo Cavallo, afirmó que, si la operación no es un éxito, la única alternativa para Argentina es seguir el camino de Rusia.
CAVALLO LANZA ADVERTENCIA
"El ministro de Economía les dijo (a los inversores) que, si no participan en la operación, no van a cobrar. Eso es una desprolijidad", dijo a Reuters el analista Rafael Ber, de la consultora Argentina Research. A las 1327 GMT, el bono de referencia de la deuda argentina -el Global 2008- caía un 2.64% a 32,250 dólares, acumulando una caída de 32% desde que el Gobierno anunció la reestructuración de deuda a principios de este mes.
En tanto, el riesgo país argentino -que mide la desconfianza de los inversores hacia una nación- aumentaba fuera de control por arriba de la barrera de los 3,000 puntos básicos a 3,026 unidades, un nivel casi 380% superior al de Rusia. El canje de deuda busca retirar del mercado bonos con un cupón promedio de 11% para reemplazarlos por certificados de deuda con un rendimiento máximo de 7,0% o Libor mas 3.0 puntos porcentuales.
La diferencia de tasas generará al Estado un ahorro de unos 4,000 millones de dólares al año -actualmente gasta 10,000 millones en afrontar vencimientos de intereses- y le quitaría a la economía un yugo que la mantiene estancada desde 1998.
Desde que asumió en marzo, convocado por el presidente Fernando de la Rúa, como un "salvador" para un país con una profunda crisis económica, Cavallo mantuvo una relación conflictiva con los inversores, especialmente con los extranjeros.
El lunes, la cuerda pareció tensarse al máximo cuando Cavallo afirmó también que el Estado argentino no tendrá un trato especial para los tenedores de títulos fuera del país ni les otorgará garantías especiales de repago de los bonos que reciban en la reestructuración. La operación consta de dos partes. La primera comenzó el lunes pasado y se extenderá por dos semanas, e incluye bonos por hasta 60,000 millones de dólares mayormente en manos de inversores locales como bancos y fondos de pensión.
Cavallo advirtió que en la segunda etapa de la reestructuración no tendrán ningún tipo de garantía. "En el segundo canje seguramente en lugar de un préstamo habrá un bono que tendrá condiciones de rendimiento prácticamente equivalentes a este préstamo; probablemente no tendrá garantía porque en el exterior no valoran esta garantía que significan los impuestos", dijo el ministro sin pelos en la lengua.