El gobierno brasileño decidió suspender todas las negociaciones comerciales con la Argentina por el Mercosur y anunció que pedirá una reunión de urgencia por los cupos que el país aplicó hace 10 días a los productos textiles brasileños.
Esta es la primera vez en la historia del Mercosur que un socio asume una postura de tal magnitud política.
Nunca ocurrió ni desde la puesta en marcha del bloque, el 1 de enero de 1995, ni tampoco en las negociaciones previas a su gestación, que se iniciaron en 1991.
La decisión de Brasil, que anunció el subsecretario de Comercio Exterior de ese país, José Alfredo Graca Lima, es una escalada en la posición que el principal socio comercial argentino viene sosteniendo desde el viernes pasado, cuando envió una carta amenazando con llevar el conflicto ante un tribunal de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que reglamenta el comercio internacional.
Al enterarse de la decisión de Brasil, el ministro Roque Fernández sostuvo que "no nos parece razonable la reacción del gobierno del Brasil ya que la decisión de la Argentina se tomó dentro del marco de facultades que otorga el Mercosur". También dijo que "mañana nos vamos a poner a trabajar inmediatamente en el tema". "Hay mucho mal humor, desinformación y falta de prudencia. Y no voy a contribuir en ese sentido", opinó el secretario de la Cancillería argentina, Jorge Campbell, al se consultado por Clarín. Sin embargo, remarcó que "no hay ninguna reunión de urgencia solicitada por Brasil".
La gota que colmó el vaso fue la resolución 911, publicada ayer en el Boletín Oficial. Según esa medida, la Argentina interpreta que los acuerdos de la Asociación Latinoamerica de Integración (ALADI) -que impulsó los tratados comerciales latinoamericanos- están por encima del Mercosur para el caso de los cupos. Como el mercado común regional los prohíbe, para saltear ese obstáculo la Argentina sacó del horno la resolución.
Esa nueva interpretación jurídica que realiza la Argentina abre la puerta para aplicar nuevas trabas a productos provenientes del Mercosur. Y esa medida, que redactó la Secretaría de Industria, alimentó el temor brasileño de que los cupos argentinos se conviertan en moneda corriente.
La resolución 911 había disparado, por la tarde, una seguidilla de quejas tanto por parte de funcionarios como de empresarios de Brasil. Y por la noche después de un contacto con el embajador argentino, Jorge Hugo Herrera Vegas, Graca Lima redobló la apuesta.
El 15 de julio, el Gobierno aprobó la aplicación de cupos hasta julio del 2002 para productos textiles que provengan de Brasil, China y Pakistán, amparándose en un acuerdo de la OMC para el sector textil y de vestimenta. Apuntó a limitar los importados que se venden en el mercado interno y se aplican a partir de la queja de cualquier sector que se siente dañado.
Esa medida ya había caído mal en Brasil. Fue la primera vez que la Argentina le puso cupos a su principal socio comercial. Según cifras oficiales, de enero a junio de este año Brasil acumuló un rojo comercial con Argentina de 300 millones de dólares. El embajador argentino defendió la decisión. "Resulta difícil para los gobiernos no escuchar los reclamos de los industriales, teniendo en cuenta el nivel de desempleo y la reducción del comercio regional".
Pero no todas fueron quejas desde Brasil. El ministro de Desarrollo, Clovis Carvalho, relativizó aquella carta. "No permitiremos que esta dificultad destruya lo que hemos edificado", dijo. Pero adivirtó que "no aceptará que las reglas comunes sean ignoradas".
Los empresarios brasileños también protestaron. "Este es el primer paso hacia el fin del Mercosur", dijo Paulo Skaf, titular de la Asociación de Industriales Textiles. Roberto da Fonseca, de la Fundación de Estudios de Comercio Exterior, calificó de "histérica" la reacción de empresarios argentinos.