Caballeros blancos que acuden presurosos al rescate, píldoras envenenadas, gatos muertos, osos, elefantes, ángeles caídos y la temperatura óptima en la sopa de Ricitos de Oro.
No se trata de personajes de novelas románticas, de cuentos de hadas, historias de misterio o fábulas para niños, sino del lenguaje que utilizan frecuentemente los operadores y analistas de Wall Street para describir situaciones y actores de los mercados de valores.
"Cuando los expertos de Wall Street salen hablando por la televisión, la mayoría de las personas se queda sin entender nada", dijo a Reuters el profesor David L. Scott, autor del libro "Wall Street Words" (Palabras de Wall Street).
A pesar de los grandes avances tecnológicos, que permiten que más de 3,000 millones de acciones sean intercambiadas diariamente en la Bolsa de Nueva York y el mercado Nasdaq, los operadores siguen usando términos coloquiales que hacen recordar los orígenes de la bolsa de valores.
"Algunos términos son antiguos, pero otros van cambiando o desapareciendo con el tiempo. En algunos casos están de moda durante una o dos décadas para luego desaparecer porque la situación a la que se refieren ya no está en boga", explicó Scott, profesor de Contabilidad y Finanzas de la Universidad Estatal de Valdosta, en el estado de Georgia.
Wall Street comenzó a operar en el siglo XVIII y las transacciones se realizaban en la calle, con los compradores acordando a gritos los precios de las acciones.
Lo que hoy se conoce como el American Stock Exchange donde se compran y venden acciones que no cumplen con los requisitos para operar en la Bolsa de Nueva York o en el Nasdaq funcionó en una acera de Manhattan hasta 1921, cuando finalmente ocupó un espacio en un edificio de la ciudad.
Pero a pesar de que los términos parecen de uso corriente, pueden ser fácilmente malinterpretados por quienes no están familiarizados con ellos.
Así, por ejemplo, si en condiciones normales "tomar un baño" es algo placentero y necesario para la salud de las personas, para un operador de Wall Street significa haber perdido una parte sustancial de una inversión. Nada que ver con el placer o la salud.
Algunos términos son legendarios como "bull" (toro) usado para referirse a una persona que ve el mercado con optimismo y "bear" (oso) que describe a quien lo ve con pesimismo.
Pero las analogías con animales no paran ahí. También hay "elefantes" (inversor institucional como un fondo mutuo o un fondo de pensión), "abejas asesinas" (banquero de inversión que ayuda a una compañía a repeler una oferta de compra hostil) y el "rebote de un gato muerto" (el alza breve y moderada del precio de una acción tras una caída pronunciada).
También hay personajes mucho más siniestros, como salidos de un cuento de terror. Un ejemplo son los "zombies", compañías en bancarrota o insolventes que siguen operando mientras esperan su cierre o su fusión con otra empresa.
Otros son las "lápidas", los avisos publicados por un banco de inversión en una revista o un diario anunciando una oferta y proporcionando la lista de los participantes.
No faltan tampoco las "píldoras envenenadas", la táctica utilizada por una compañía para evitar una adquisición hostil.
Un ejemplo de píldora envenenada es la emisión de acciones preferenciales que le da a los accionistas el derecho de vender sus papeles con una prima en el caso de una adquisición. Los personajes de los cuentos infantiles también hacen acto de presencia.
El término "economía de Ricitos de Oro" fue usado para describir el estado de la economía estadounidense a mediados y finales de la década de 1990; lo que queria decir "no demasiado caliente, no demasiado fría, en su punto".