El nuevo número uno chino y sus ocho colegas en la dirección del Partido comunista heredan un país con un crecimiento económico fulgurante, pero cuya estabilidad está amenazada por la explosión del desempleo, el aumento de las desigualdades y las malas deudas que afectan a los bancos.
"Lo más importante es mantener el nivel de crecimiento de 7% a 8%, para hacer frente a los numerosos problemas que se plantean hoy", declaró Jiang Hong, profesor de finanzas y de economía en la Universidad de Shanghai.
Ese nivel de crecimiento, necesario para el mantenimiento de la paz social, hace más difícil emprender las reestructuraciones de varios sectores de la economía china, retardados desde hace varios años.
"La agricultura, los obreros despedidos, las empresas de Estado, todos esos problemas están relacionados entre ellos", estima Jiang. Los nuevo dirigentes chinos del Partido comunista tendrán que encontrar las respuestas urgentes para los problemas que exige la sociedad, pero sin provocar otras crisis mayores.
Zhu Rongji, Primer ministro considerado el principal responsable de la economía desde hace diez años, deja a su sucesor probable, empresas de Estado insolventes cuyas deudas son un lastre para los bancos y causan la reducción en el apoyo a la inversión privada.