"El Código de Trabajo protege al que tiene empleo, pero le cierra la puerta a la que no lo tiene, dijo semanas atrás el conocido empresario del ramo automotor Ricardo Pérez . El empresario chiricano puso el dedo en una llaga que está supurando desde que se aprobó el controvertido código laboral panameño. Muchos hombres de empresa están convencidos que el código es un obstáculo gigantesco en la promoción del desarrollo económico, porque , buscando proteger al trabajador con un proteccionismo estatal desmesurado, le cierra el paso a las inversiones.
Cuando los inversionistas se enteran que el trabajador panameño es el más caro y el más ineficiente de Centroamérica, porque a su costo salarial debe sumarle primas de antigüedad a pocos más de un mes de iniciar labores, pago de décimo tercer mes y otros ítems, coge sus maletas y se marcha a otro país. Por esa causa, se dice, la industria informática norteamericana se fue a Costa Rica y la industria farmacéutica desechó Panamá como su base y partió a Nicaragua y Guatemala.
Sin embargo, hay políticos que no aceptan que se toque siquiera un artículo del Código Laboral y sindicalistas que declaran la guerra santa a quien se arriesga a hablar de cambios y modificaciones.