Una guerra gerencial que duró seis meses al interior del mayor banco de América Latina terminó ayer, un día después que el presidente del estatal Banco do Brasil, Paulo Zaghen, renunciara y pidiera a todo su consejo de directores que también entregaran sus cargos.
Zaghen, quien fue duramente criticado por el manejo dado por el banco a los fondos de pensiones desde el pasado mes de octubre, presentó su renuncia al ministro de Finanzas de Brasil, Pedro Malán, después del cierre de los mercados.
El funcionario será sustituido en el cargo por Eduardo Augusto Guimaraes, un ex secretario de la Tesorería y ex presidente ejecutivo del banco estatal de Sao Paulo, Banespa, el cual fue privatizado en noviembre.
En una declaración escrita, Zaghen dijo que renunciaba para garantizar la continuidad de las reformas que inició en 1995 y que produjo, durante el período de 20 meses en los que estuvo al frente del banco, un sólido crecimiento de las ganancias.
Las reformas fueron "una gran tarea que saneó a la institución, que implementó un nuevo y más moderno método gerencial y consolidó al Banco do Brasil como el mayor banco de América Latina", señaló Zaghen.
El Banco do Brasil, que es la mayor institución de crédito del país, anunció el mes pasado un incremento del 16% en sus ganancias netas para el 2000 hasta los 974 millones de reales (450 millones de dólares).
El total de sus activos aumentó en un 9% hasta 138.800 millones de reales (64.000 millones de dólares) y su base de clientes creció de 11,1 millones de clientes a 12,9 millones de usuarios.
Zaghen estaba en medio de una tormenta política por su manejo del banco, de propiedad estatal y con sede en Brasilia.
El director del banco fue fustigado en octubre pasado por haber nombrado a su principal asesor, Vicente Diniz, para que manejara el fondo de pensiones del banco.
Diniz aparentemente se enfrentó constantemente con otros directores sobre cómo manejar este fondo, y las reuniones de consejo se convirtieron en enfrentamientos verbales y los ministros gubernamentales comenzaron a gruñir de una manera no tan privada por la aparente falta de flexibilidad y de comunicación entre sus principales funcionarios.
En febrero, muchos directores del consejo descubrieron planes para capitalizar al banco a través de informaciones de prensa, lo que profundizó los enfrentamientos entre los gerentes.