Los depósitos de bancos extranjeros en la Reserva Federal de los Estados Unidos han crecido a más del doble, de $350,000 millones a $715,000 millones desde fines de 2010 en medio de la crisis de la deuda de Europa, lo que respalda la posición del dólar como moneda de reserva mundial.
Cuarenta y siete bancos no estadounidenses tenían balances de más de $1,000 millones en la Fed de Nueva York al 30 de septiembre, mientras que eran 22 a fines de 2010, según una encuesta de 80 instituciones financieras de ICAP Plc, la mayor agencia de operaciones entre firmas del mundo. El dólar se ha apreciado 7.2% desde que Standard Poor’s redujo la calificación crediticia AAA del país, el mejor desempeño entre pares de países desarrollados, según los índices monetarios ponderados por correlación de Bloomberg.
Un déficit presupuestario de más de $1 billón, la parálisis de los miembros del supercomité legislativo en lo que respecta a la reducción del gasto y un 9% de desempleo no han disuadido a los inversores de buscar seguridad en la mayor economía del mundo. El euro se ve afectado como consecuencia de la crisis de deuda de la región, mientras que el franco suizo y el yen han declinado conforme sus gobiernos compran miles de millones de dólares para debilitarlos.
“Aún no hay nada cercano a un sustituto, y parte de ello obedece a la profundidad del mercado, a la liquidez”, dijo el 15 de noviembre en entrevista telefónica desde Filadelfia Jack McIntyre, un administrador de fondos que gestiona $23,000 millones de deuda en Brandywine Global Investment Management, una división de Legg Mason Inc. “Correcta o equivocada, existe la percepción de que todos nuestros activos tendrán buen desempeño”.
La tasa de interés objetivo de los préstamos de 24 horas entre bancos de la Fed se encuentra en un bajo nivel récord de entre cero y 0.25%, lo cual no ha desalentado la compra de dólares conforme la desaceleración del crecimiento global y la tensión en Europa alientan a los bancos centrales desde Australia hasta Brasil a reducir las tasas, lo que disminuye su atractivo a los ojos de los inversores que buscan mayores retornos.
La demanda extranjera de activos estadounidenses tuvo en septiembre pasado el mayor crecimiento en 10 meses.