La República de Panamá ha mostrado en los últimos años un desempeño económico realmente de orgullo, lo cual ha conllevado entre otras cosas al otorgamiento del tan ansiado grado de inversión por parte de las principales agencias internacionales que se especializan en la calificación del riesgo en los países.
La pregunta que se hace el ciudadano común y corriente es cuál ha sido el provecho de este crecimiento.
Existen diversos indicadores que pudieran ayudar a analizar esta situación pero, sin lugar a dudas, tanto la cantidad de empleos generados como consecuencia de este crecimiento como también la calidad de los mismos, es lo que pudiera le pudiera interesar sobremanera a la mayoría de la población.
Al analizar como período de referencia los años del 2000 al 2009 se puede observar que el Producto Interno Bruto (PIB) mostró un crecimiento promedio del 6.2%, mientras que el incremento de la población ocupada promedió casi la mitad de lo que registró el PIB al alcanzar apenas un 3.8% promedio.
Se observa por ejemplo que en el 2007, cuando Panamá registró el mayor crecimiento económico a nivel mundial con un 12.1%, el incremento de la ocupación alcanzó apenas un 4.4%, o sea, un 7.7% de diferencia entre ambos registros.
Cuando se analiza la calidad de la ocupación generada podemos tomar como ejemplo las cifras de las encuestas de hogares de agosto del 2008 y del 2009.
Según estas cifras, la población ocupada registró un incremento del 1.3%. En el 2008, la población ocupada de manera plena representaba solamente el 62.2% del total de la población ocupada, mientras que vemos que en el 2009 el porcentaje de ocupación plena disminuyó a 58.9%, o sea, un –4.1 %, en tanto que los ocupados a tiempo parcial que en el 2008 representaban el 24.4% del total de la población ocupada, en el 2009 su porcentaje aumentó al 26.8%, lo que representa un incremento del 11.4%. En las cifras de ocupación en la República de Panamá, existen dos conceptos muy importantes que son el subempleo visible y el invisible. Según Janina Fernández-Pacheco en su “Glosario de términos básicos para comprender y analizar el mercado de trabajo desde la perspectiva de la equidad de género”, el subempleo invisible se refiere al conjunto de personas o a la persona que recibe como remuneración un ingreso muy bajo en relación con su productividad o a la persona que realiza tareas que requieren una preparación inferior a la suya. Refleja el bajo ingreso, la subutilización de las calificaciones y la baja productividad. Este tipo de subempleo afecta muy directamente a la mano de obra femenina, como consecuencia de factores culturales de discriminación, mientras que el subempleo visible se mide de acuerdo con distintos criterios. Uno de estos considera que la persona debe haber trabajado por un tiempo inferior al considerado normal en la actividad específica. Para ser subempleado visible es necesario, que la persona desee trabajar una jornada más larga, aun cuando no le haya sido posible. En la encuesta de hogares del 2008, el subempleo visible representaba el 2.4% del total de la población ocupada, mientras que en el 2009 registró un 2.3% con un –3.4% de disminución, en tanto que el subempleo invisible se incrementó un 10.6% al pasar de un muy alto 11.0% del total de la población ocupada a un 12.0%.
De acuerdo con las cifras oficiales, el nivel de ocupación en nuestro país muestra un rezago importante con relación a los niveles de crecimiento económico registrados, lo cual trae como consecuencia que una parte importante de la población no reciba el beneficio de la gran riqueza generada en nuestro país. Por otra parte, cuando se revisa la calidad del empleo generado, nos percatamos que los empleados de manera plena no sólo ni siquiera alcanzan el 75% de la población ocupada, sino que su porcentaje tiende a disminuir.
El ritmo de crecimiento de la economía panameña debiera traducirse a una generación de empleos en porcentajes lo más parecido posible, pero también debe permitir que los individuos puedan desempeñar labores para la cual se han preparado de manera que se incremente la productividad en nuestro país, si esto no es así, nuestra población seguirá viendo como a pesar del crecimiento impresionante de la riqueza, los niveles de disparidad en la repartición de esta seguirán aumentando con las correspondientes afectaciones de la capacidad de satisfacción de las más caras necesidades de los sectores de menores ingresos.