La crisis financiera griega está obligando al país a luchar contra la corrupción en el sistema de salud, una práctica que comenzó décadas atrás con regalos de queso y pollos de granjeros agradecidos por la atención que recibían.
La urgencia por componer el sistema de salud griego se ha acentuado en momentos en que las finanzas del país están al borde de la insolvencia.
La corrupción, que incluye fraude con las recetas y sobornos por las cirugías, se ha desarrollado sin freno y le cuesta al Gobierno cientos de millones de dólares.
La crisis se ha vuelto tan generalizada que se considera a los hospitales el sector público más corrupto del país, más que las oficinas de impuestos y las autoridades de planeamiento urbano, según una encuesta nacional reciente.
“Es seguro que, dondequiera que hay miel, alguien va a meter el dedo en ella”, dijo George Patoulis, presidente de la Asociación Médica de Atenas, en una entrevista.
Pero la miel ya no corre con tanta abundancia. Una de las consecuencias inesperadas de la crisis de la deuda griega es que las medidas de austeridad están obligando al Gobierno a abordar de una vez por todas una corrupción en el sistema de salud que los médicos, los funcionarios y los pacientes califican de endémica.
No se sabe con exactitud cuánto dinero pierde Grecia por la corrupción en el sector de la salud, señaló Costas Bakouris, presidente de la filial griega de Transparencia Internacional, organización anticorrupción con sede central en Berlín, que en 2010 realizó una encuesta sobre las actitudes griegas respecto de las instituciones de atención sanitaria. “Estamos hablando de cifras de miles de millones” por la corrupción.