"Alguna desaceleración de la economía desde donde está era una cosa inevitable", dijo Summers en el programa "This Week" (Esta Semana) de la cadena de televisión estadounidense ABC, indicando que los expertos aún predicen "un crecimiento moderado" durante los cuatro trimestres de 2001.
Summers elogió el expediente económico del gobierno saliente del presidente Bill Clinton, ante las recientes advertencias del equipo del mandatario electo, George W.Bush, de que tenía que estar preparado para un cambio drástico en la economía del país, posiblemente hasta una recesión.
"Creo que la pregunta que vamos a enfrentar como país es si vamos a ser capaces de mantener una estrategia amplia que ha funcionado y que nos ha impulsado al nivel más bajo de desempleo e inflación, al mayor crecimiento de la productividad en una generación", dijo Summers.
Las disputas en el seno de la administración demócrata, que entregará el poder al gobierno del republicano Bush en enero se han intensificado, mientras aumentan significativamente los indicios de debilitamiento potencial, como menores niveles de confianza del consumidor.
La Reserva Federal de Estados Unidos citó el martes menor optimismo como una de las razones por la que está más preocupada por el debilitamiento de la economía que por la inflación, e indicó que estaba preparándose para recortar las tasas de interés a inicios del año próximo.
El vicepresidente electo, Dick Cheney, enfureció a los demócratas destacando el fantasma de una potencial recesión, en la que la producción nacional se reduciría, por primera vez desde que la última recesión concluyó en marzo de 1991, y advirtió sobre el desaceleramiento de la economía estadounidense.
"Si esto resulta o no en una recesión, nadie lo sabe ahora", dijo Cheney la semana pasada, pero sus comentarios generaron fuertes críticas de las filas del Partido Demócrata.
Summers evitó responder a la pregunta de si los republicanos estaban de presentar una estrategia de advertencia sobre un grave desaceleramiento de la economía con el objetivo a impulsar sus posibilidades de imponer un drástico recorte impositivo que fue la pieza central de la campaña electoral de Bush.
No obstante, aclaró que lo verdaderamente importante era no erosionar la confianza del consumidor en la economía estadounidense y contrastó el programa de la administración de Clinton, que utilizó los superávits fiscales para pagar la deuda del gobierno, con la estrategia de Bush de devolver a los contribuyentes el excedente mediante una amplia reducción de sus impuestos.
"Lo que es importante ahora, si queremos mantener la confianza y que nuestra economía continúe creciendo, es que no hagamos nada que disminuya la confianza que el público tiene de que seremos capaces de mantener un superávit y pagar nuestras deudas", expresó Summers.
"La confianza del público en nuestra habilidad para mantener la economía de la nación en una forma óptima es una prioridad crucial" para las autoridades económicas estadounidenses, concluyó.