El máximo responsable ejecutivo de JPMorgan Chase Co., Jamie Dimon, planea declarar ante el Congreso esta semana respecto de las pérdidas de $2000 millones que sufrió su firma. Sus colegas de Wall Street no entienden por qué.
“Las pérdidas ocasionales son inevitables”, dijo Stephen A Schwarzman, de 65 años, máximo responsable ejecutivo de Blackstone Group LP, la mayor firma de capital de riesgo. “Castigar públicamente a JPMorgan no sirve para nada salvo para reducir la confianza de la gente en el sistema financiero”.
Las pérdidas han eliminado $27,000 millones del valor de mercado de JPMorgan desde las revelaciones del 10 de mayo, al tiempo que dieron lugar a por lo menos cinco investigaciones federales y dos próximas audiencias en Capitol Hill con Dimon. También reactivaron el debate sobre si los controles sobre las operaciones de los banqueros se reforzaron lo suficiente luego de que sus imprudentes apuestas llevaron al sistema al borde de la debacle en 2008.
Los ejecutivos, los lobbistas y los analistas dijeron en más de una docena de entrevistas que la conmoción pública es una reacción exagerada ante un paso en falso menor.
“Me encojo de hombros”, expresó Bill Archer, de 58 años, expresidente del comité de mercados de capitales de Goldman Sachs Group Inc. y actualmente socio de la firma Veronis Suhler Stevenson LLC en Nueva York. “El mundo es así”.
Las acciones de JPMorgan cayeron 17 % desde que el banco de Nueva York, el mayor de los Estados Unidos, reveló pérdidas por operaciones con derivados crediticios en su principal oficina de inversiones.
Dimon, de 56 años, había transformado la filial de una administradora conservadora de dinero en desuso en un redituable centro que apostaba a activos más riesgosos, dijeron ex- empleados. Algunas de las apuestas fueron tan grandes que empujaron los precios en ese mercado de $10 billones y no pudieron deshacerse fácilmente.
Consideraciones de la pérdida
- Los ejecutivos que dicen que la pérdida es pequeña para una firma que ganó $19,000 millones el año pasado pasan por alto la advertencia que entraña sobre los prestamistas que son demasiado grandes, opinó Richard Sylla, historiador financiero de la Escuela de Negocios Stern.