Hay varias razones por las cuales se hace necesario poner en marcha un proceso de reestructuración, pero la razón más común es la escasez de flujo de caja para hacerle frente a las obligaciones empresariales pagos de planilla, a los suplidores y préstamos bancarios, entre otros.
Hay varios aspectos que se deben considerar a la hora de tomar la decisión de ejecutar una reestructuración. En primer lugar, no hay que olvidar que la reestructuración es un proceso temporal, es por eso, que las decisiones que se tomen deben hacerse sin perjudicar a la empresa a largo plazo. Un ejemplo típico de lo que debe evitarse es despedir a empleados claves. Aunque al principio estos despidos ayudan a reducir gastos, puede que su empresa se esté deshaciendo de una persona importante en la relación con clientes vitales.
En segundo lugar, hay que comprender, a profundidad, la razón por la cual se inició el proceso de reestructuración desde un principio con el fin de prevenir que se cometa el mismo error. En tiempos recientes muchas empresas han sido víctimas de una baja en ingresos debido a la crisis económica por la que atraviesa el país. Al bajar los ingresos, las empresas se ven forzadas a reducir gastos.
Hay que reconocer que en este caso específico, la baja en ingresos se debe a factores macroeconómicos que muchas veces están fuera de control de una empresa, lo que significa que posiblemente los ingresos seguirán reduciéndose. Sería un error pensar que la situación mejorará a corto plazo. Es importante que las reestructuraciones se hagan una sola vez. Esto nos lleva al tercer punto, y es que en un proceso de reestructuración, los que más sufren [además de los accionistas] son los empleados.
Por esta razón, se debe planificar bien el proceso y hacerlo correctamente desde la primera vez. La falta de planificación puede tener como resultado una segunda y hasta una tercera reestructuración. Múltiples reestructuraciones proyectan no solo inestabilidad laboral sino una falta de confianza por parte de los empleados hacia la gestión gerencial y puede tener como resultado renuncias inesperadas. En caso de reducir la planilla, explique la razón por la cual se hacen los recortes y no haga promesas que no podrá cumplir.
Una vez tomada la decisión de implementar su plan de reestructuración, el mismo debe llevarse a cabo decisiva y rápidamente.
Siempre habrá que hacer sacrificios pero estos valdrán la pena cuando la empresa resurja de sus dificultades.
Finalmente, no es correcto pensar que una reestructuración es sinónimo de bancarrota, más bien es un proceso necesario para evitarla.
Definitivamente que una reestructuración no es nada bueno, sin embargo, en ocasiones es indispensable para la supervivencia de algunas empresas.
(jrporras@cableonda.net)