El presidente estadounidense, Donald Trump, reconoció por primera vez los riesgos de una guerra comercial al lograr un pacto con la Unión Europea (UE) para evitar más medidas arancelarias y la aprobación de subsidios para los agricultores afectados por las represalias de China.
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En primer lugar, el martes, el Departamento de Agricultura anunciaba un paquete de subsidios federales de 12 mil millones de dólares destinado al sector agrícola y ganadero.
"El presidente prometió cubrir la espalda de todos los granjeros y ganaderos estadounidenses, y él sabe de la importancia de mantener nuestra economía rural fuerte", señaló el secretario de Agricultura, Sonny Perdue.
Perdue remarcó, no obstante, que "es una solución a corto plazo para trabajar en acuerdos comerciales a largo plazo que beneficien a la agricultura y a toda la economía de EE.UU.".
Poco después, Trump defendía los subsidios al asegurar que China está atacando a los agricultores estadounidenses "de manera despiadada", en referencia a la imposición de aranceles por parte de Pekín en represalia por los gravámenes aplicados en primera instancia por Washington.
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El cuantioso paquete de ayuda se destinará principalmente a los productores de soja, leche y carne de cerdo, algunos de los sectores más castigados por las tensiones comerciales con China.
Los granjeros, muchos de ellos votantes de Trump, criticaron la medida al considerarla insuficiente y exigieron el regreso a la mesa de negociación con Pekín.
Tras meses de amenazas constantes a sus principales socios comerciales y el rechazo de que su agresivo proteccionismo pudiese conllevar represalias que dañasen la economía de Estados Unidos, el mandatario ha asumido la complejidad de estas disputas en un mundo globalizado.