El fin del primer trimestre fue uno de los períodos más turbulentos que se recuerdan en Wall Street en los últimos años, y abrió una serie de dudas sobre la marcha del mercado, y en particular, sobre el futuro de las acciones de las empresas de nuevas tecnologías.
Durante varias semanas se ha hablado en Nueva York del imparable avance de las acciones de la llamada "nueva economía", de las empresas de ordenadores, internet, bioquímica y demás sectores de la vanguardia tecnológica.
Se decía que estas acciones eran las únicas "ganadoras", las únicas inversiones que de manera casi segura permitirían obtener rentabilidades suculentas.
Esto hizo que durante casi todo el trimestre las acciones de estas empresas subieran con gran fuerza, mientras el resto del mercado caía sin compasión.
Esto quedó reflejado en el rendimiento dispar de los dos principales indicadores de los mercados estadounidenses, el Dow Jones, que agrupa a las grandes empresas; y el Nasdaq, promedio de la bolsa electrónica que registra el cambio de los títulos de las empresas de la llamada "nueva economía".
En el primer trimestre, desde el cierre del 31 de diciembre, el Nasdaq ha subido un 12,37 por ciento, en comparación con el descenso del 5 por ciento del Dow Jones.
Sin embargo, esta tendencia y el sentimiento que caracterizó a la bolsa durante los primeros tres meses del año cambiaron radicalmente esta última semana de negocios.
Durante las cinco sesiones finalizadas ayer, viernes, el Nasdaq perdió nada menos que 390,15 puntos, equivalentes a un 7,86 por ciento, para ubicarse en los 4.572,88 puntos.
El Dow Jones también bajó (190,8 puntos o un 1,72 por ciento a 10.921,92 unidades) pero de una forma mucha más moderada.
La semana estuvo caracterizada por una gran turbulencia, una altísima volatilidad y por el repentino y sorprendente cambio de mentalidad de los inversores y de muchos analistas.
Del discurso que predicaba la conveniencia de comprar a toda costa las acciones del Nasdaq y mantenerlas como inversiones que generarían ganancias, los inversores pasaron a creer que, en realidad, lo que más importa son los estados financieros de las empresas.
Muchos de los grandes triunfadores del Nasdaq, en particular en sectores como internet, son poco más que empresas "de papel", que poseen un gran valor en bolsa, pero que en la mayor parte de los casos no cuentan con niveles de ventas importantes, y mucho menos, con ganancias.
Sin que existiese un motivo particular, las palabras de varios destacados analistas comenzaron advertir sobre los riesgos de invertir en muchas de estas empresas, varias de las cuales se teme que ni siquiera existan en los próximos años.
Esto hizo que los inversores buscaran "valor", es decir, estados financieros sólidos, ganancias y ventas reales.
A esta fuga de capitales desde las acciones de las nuevas empresas de tecnologías hacia las firmas más consolidadas del sector, y hacia algunas grandes empresas industriales, se sumó la semana pasada las operaciones propias de fin de trimestre que realizan los grandes fondos de inversión.
Estas instituciones tradicionalmente venden las acciones que mejor han rendido para tomar ganancias a fines del trimestre.
Debido a que los grandes triunfadores del primer cuarto del año fueron los títulos de empresas de nuevas tecnologías, la toma de ganancias afectó, lógicamente, a este sector.
Por eso hay muchos inversores que están tranquilos, pues confían en que lo que sucedió la semana pasada no marque el inicio de una nueva tendencia, si no un fenómeno pasajero que no afecta a las perspectivas de aumento de precio de las acciones de las empresas de nuevas tecnologías.
Pese a este optimismo, muchos analistas han incorporado a su discurso la idea de que no todas las acciones de nuevas tecnologías triunfarán y de que en el futuro será cada vez más importante analizar los estados financieros de las empresas, visión que sin duda dejará su huella en el trimestre que se inicia.