La economía brasileña creció un 3.6% en el primer semestre del año, muy por debajo del 9.2% registrado en el mismo período de 2010, debido a las medidas restrictivas adoptadas por el Gobierno y a la crisis económica internacional, según los datos oficiales divulgados.
Pese a la desaceleración, que se acentuó en el segundo trimestre, Brasil mantuvo su economía en crecimiento en medio de la crisis y puede terminar 2011 con una expansión de entre el 4 y el 5%, coincidieron el Gobierno y economistas.
Tras haber alcanzado una expansión del 7.5% en 2010, su mejor resultado en un cuarto de siglo, el producto interior bruto (PIB) brasileño pisó el freno en el primer semestre de 2011.
Esa desaceleración se notó principalmente en el segundo trimestre, cuando la economía solo creció un 0.8% frente al primero y un 3.1% en comparación con el mismo período del 2010, según los datos oficiales divulgados por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE).
El crecimiento acumulado en doce meses viene cayendo gradualmente desde el 7.5% en diciembre hasta el 6.3% en marzo y el 4.7% en junio.
“Esa desaceleración ya era esperada y respondió a las medidas adoptadas por el Gobierno para frenar una economía que estaba acelerada el año pasado”, dijo el ministro brasileño de Hacienda, Guido Mantega, en una rueda de prensa.
El ministro recordó que, para hacer frente a una inflación en alza por el propio crecimiento económico, el Gobierno subió las tasas de interés, aumentó los impuestos sobre el crédito y el encaje bancario y redujo los gastos fiscales.
“Todas esas medidas restrictivas contribuyeron a la desaceleración de la economía y, consecuentemente, al control de la inflación”, aseguró.
“Estamos caminando hacia un crecimiento este año de entre el 4 y el 4.5%. Nuestra impresión es que esté más próximo al 4% que al 5%”, afirmó el ministro. Mantega reconoció que la crisis internacional, agravada en Brasil por la apreciación del real frente al dólar, también contribuyó a la desaceleración, ya que redujo la demanda mundial y obligó a las empresas de los países desarrollados a compensar en los países emergentes, afectó la falta de mercados en los ricos.
Mientras las exportaciones de bienes y servicios de Brasil crecieron un 2.3% en el segundo trimestre, las importaciones saltaron un 6.11%. Según Mantega, con una mejor tasa de cambio se podría alterar esa relación, pero el problema de las divisas “solo será resuelto cuando se mejoren los países desarrollados”.