Los temores de los inversionistas de que el primer presidente izquierdista electo de Brasil pudiera llevar al país a una catástrofe financiera casi han desaparecido ante los nuevos resultados económicos.
Tres meses y medio después de que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva asumiera el puesto, la moneda brasileña está recuperándose con solidez, los precios de los bonos están subiendo y los temores de que el país pudiera declarar la suspensión de pagos de su enorme deuda externa han desaparecido.
Hasta el Fondo Monetario Internacional está elogiando al gobierno del ex líder sindical, conocido popularmente como Lula, afirmando que el paquete de ayuda del FMI por 31,000 millones de dólares está entre los acuerdos más exitosos que jamás haya realizado.
Está claro que este gobierno no declarará la suspensión de pagos, nunca’’, dijo Jorge Márquez-Ruarte, director adjunto del departamento del FMI para el hemisferio occidental, en el foro sobre Brasil celebrado en Nueva York esta semana.
Los expertos dicen que es muy pronto para saber si la estancada economía de Brasil, la mayor de Sudamérica, se encuentra a punto de cambiar su rumbo drásticamente.
La inflación de dos dígitos sigue siendo una preocupación primordial de los inversionistas, y los líderes industriales en el estado de Sao Paulo corazón industrial y financiero de Brasil esperan que la actividad económica se mantenga sin cambios durante el resto del año.
Pero prácticamente ya nadie cree que la economía brasileña quedará fuera de control como la de su vecino del sur, Argentina, que hace menos de dos años declaró la suspensión de pagos de casi 141,000 millones de dólares de deuda externa y desde entonces se ha visto envuelto en una recesión económica y agitación política.
El año pasado la situación de Brasil no estaba muy lejos de convertirse en algo parecido, cuando los temores de los inversionistas sobre la posibilidad de que Silva ganara la presidencia hicieron que la moneda local, el real, cayera el 35% frente al dólar e impulsaron a que los inversionistas nacionales y extranjeros sacaran miles de millones de dólares del país.
Recuerdo cuando ya no hubo sombra de duda de que Lula iba a ser el presidente, y la gente del sector bancario en esta ciudad se tiraba el pelo, diciendo ‘Todo se acabó!’’’, dijo Myles Frechette, experto en comercio sudamericano y presidente del Consejo de las Américas, con sede en Nueva York.
Pero desde que Silva asumió el puesto el 1 de enero, esos temores han cedido gradualmente.