El primer ministro portugués, Pedro Passos Coelho, lucha por evitar el desorden del mercado que destituyó al gobierno italiano la semana pasada.
Coelho está alcanzando los objetivos fijados por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional en el plan de rescate por $105.000 millones y proyecta implementar el año próximo lo que define como el presupuesto “más difícil” del que se tenga recuerdo.
Está reduciendo los salarios de los trabajadores estatales y evitando más recargos excepcionales del impuesto sobre las ganancias para llenar un bache de financiamiento.