El gobierno estadounidense que preside George W. Bush estima que una operación militar contra Irak -aunque llegue a costar 200.000 millones de dólares- no tendría consecuencias negativas sobre su economía, pero los expertos se muestran más escépticos, sobre todo por el riesgo de un pronunciado alza del precio del petróleo.
La administración estadounidense, a través de Laurence Lindsey, principal consejero económico de la Casa Blanca, revisó ayer al alza su estimación financiera de un conflicto potencial con Irak, afirmando que el "costo máximo" de una guerra sería de 1 a 2% del Producto Interior Bruto (PIB) de Estados Unidos, lo que equivale a unos 100.000 a 200.000 millones de dólares.
Esta estimación es mucho más elevada que la calculada por el Pentágono, que hasta ahora preveía -según The Wall Street Journal- un costo de 50.000 millones de dólares, y también superior a los gastos generados por la Guerra del Golfo, evaluados en 61.100 millones de dólares por el Departamento de Defensa.
No obstante, Lindsey estimó, en una entrevista con The Wall Street Journal, que una guerra con Irak y su costo no influirían en la economía estadounidense, ni causando una recesión o un aumento de la inflación, ni, por el contrario, estimulando la economía.
"Pienso que es (...) hacer gala de un optimismo excesivo pensar que una guerra contra Irak no tendría necesariamente efectos adversos sobre la economía estadounidense y mundial", afirmó John Lonski, economista de la agencia de calificación financiera Moody"s Investors Service. "Sobre todo, si el conflicto hace subir fuertemente los precios del petróleo", añadió.
La producción iraquí de petróleo se eleva actualmente a 1,700 millones de barriles diarios. Lonski advirtió también que un conflicto armado podría afectar la confianza de las empresas y consumidores.
Una guerra contra Irak "tendría probablemente un efecto extremadamente negativo sobre la confianza", confirmó Gail Fosler, principal economista del instituto privado de estudio de la coyuntura Conference Board, que publica cada mes un índice que mide la confianza de los consumidores estadounidenses en la economía.
"Los consumidores no siempre reaccionan de manera previsible", estimó la experta, destacando sin embargo que "la inquietud ligada a posibles represalias" iraquíes haría pesar una "enorme incertidumbre sobre la manera en la que los consumidores ven la economía, sobre todo si esto se acompaña de potenciales aumentos de impuestos".
El peso de una campaña militar sobre el presupuesto estadounidense es en efecto un elemento determinante para tomar en cuenta las consecuencias económicas del conflicto. "Un año" de gastos públicos suplementarios "no es nada", afirmó este lunes Lindsey.
Un razonamiento "bastante convincente" según Evariste Lefeuvre, economista de CDC-Ixis Capital Markets. "Incluso añadiendo 200,000 millones de dólares a un déficit público del orden de 150,000 a 160,000 millones de dólares en las condiciones actuales, esto lleva la relación entre la deuda pública y el PIB a niveles aún inferiores a los de comienzos de los años 90", explicó.