El 2009 será recordado en Estados Unidos como el año en el que la mano pública salvó a la economía del abismo, pero dejó tras de sí un legado de liquidez extraordinaria y un gran déficit.
El país volvió a crecer en el tercer trimestre y la posibilidad del colapso del sistema financiero parece ahora un mal sueño.
Sin embargo, los hogares y pequeñas empresas estadounidenses continúan bajo presión por el alto desempleo y la dificultad para obtener créditos.
En el pasado, Estados Unidos ha salido de recesiones profundas con repuntes enérgicos, un fenómeno conocido con la expresión tremendamente técnica del "gato rebotado", pero no será así esta vez, según la mayoría de los analistas.
La Reserva Federal augura un crecimiento de entre el 2,5 y el 3,5% para el próximo año, una cifra que sería música para oídos europeos.
Sin embargo, se trata de un margen bajo para los parámetros de una recuperación económica en Estados Unidos, que cuenta con un mercado laboral flexible y más aumento de población que el viejo continente.
La clave está precisamente en el desempleo, que afecta al 10% de los estadounidenses, después de un resultado sorprendentemente positivo en noviembre.
Ese indicador no incluye a las personas que, descorazonadas, han dejado de buscar trabajo o a las que trabajan a jornada parcial porque no tienen otra cosa. Si se les añade, el volumen de desempleo llega al 17,2%.
"Hasta que el empleo no mejore, la recuperación será frágil", dijo a Efe James Hamilton, profesor de economía de la Universidad de California.