La cadena minorista británica Phones4U no puede decir que es una innovadora en ningún aspecto. Con comercios llamativos y avisos publicitarios impactantes en los que ofrece teléfonos móviles con descuento, es un negocio de comercio masivo.
Pero la semana pasada el presidente ejecutivo John Caudell hizo una afirmación que se merece al menos un comentario al margen en la historia comercial. Le prohibió a su personal usar el e-mail, o correo electrónico, según el Financial Times.
No se trata de la prohibición cada vez más común de prohibirle al personal que envíe mensajes privados en el trabajo, para que no salgan palabras de amor a la novia, amenazas de divorcio a la esposa, cartas implorantes al gerente del banco, o fotos de Madonna basando a Britney Spears a los amigos.
Las normas de Caudell dicen que no se pueden mandar correos electrónicos a los colegas del trabajo.
Los clientes y proveedores todavía pueden ser contactados electrónicamente. Pero toda comunicación interna por e-mail queda en lo sucesivo prohibida, esté o no relacionada con un tema laboral. En su lugar el empleado tendrá que levantar el teléfono o caminar por el corredor y decir lo que quiera decir en persona.
La empresa opina que eso le ahorrará como mínimo 1 millón de libras ($1.64 millones) al año en tiempo del personal.
Caudell puede muy bien ser una persona que no logra apreciar las ventajas de las comunicaciones electrónicas, pero también puede haber descubierto algo interesante: el e-mail puede estar convirtiéndose en la mayor pérdida de tiempo, dinero y e inteligencia desde el invento de la publicidad.
El coletazo contra el e-mail está cobrando fuerza. La filial británica del gigante suizo de la alimentación, Nestlé SA, introdujo los ``viernes libres de mensajes electrónicos", según ComputerWeekly.com. Otras empresas despiden a empleados que envían correos electrónicos inapropiados. Lo que comenzó como una de las grandes innovaciones de la década pasada se está convirtiendo rápidamente en un monstruo.
Los economistas se muestran intrigados desde hace cierto tiempo sobre cómo el mundo industrializado puede haber gastado miles de millones de dólares en tecnología de la información sin que se haya producido un gran cambio en la productividad. Quizás ahora tengan la respuesta. El e-mail puede ser más problema de lo pensado. Nos hace menos eficientes, no más.
Una, y la más obvia, el spam, o mensajes ``basura"" no deseados. Tanto se ha escrito sobre la amenaza de los correos electrónicos no deseados que no vale la pena insistir al respecto, salvo para decir que el spam está cerca de inutilizar todos los espacios de correos electrónicos.
Dos, seguridad y privacidad. La mayoría de los virus se propagan mediante correos electrónicos, creándoles grandes gastos a las empresas para eliminarlos. Peor aún, el e-mail deja un registro permanente de la chismografía oficinesca. Ninguna de las investigaciones del fiscal general de Nueva York, Eliot Spitzer, hubiera sido posible sin los registros de correos electrónicos.
Tres, la pérdida de tiempo. Los e-mail le permiten a la gente de las oficinas perder el tiempo frente a sus pantallas de computadora. Pero también promueven la burocracia. Los gerentes mandan largo mensajes electrónicos apretando la tecla ``cc"" 100 veces, cuando podrían haber solucionado el problema con una rápida conversación.
Y la tecla de ``forward"" (retransmitir) es una herramienta de las intrigas de oficina. Las personas no suelen ser productivas cuando andan complotando unas contra otras.
Cuatro, los e-mails fomentan la basura. El material racista o pornográfico circula por la oficina. Los patrones maltratan o despiden personal electrónicamente.
En Gran Bretaña la aseguradora Accident Group causó un escándalo este año al despedir a más de 2,000 empleados mediante un mensaje de texto. Una encuesta de la empresa de software SurfControl Plc estableció que un tercio de los empleados británicos preferían manejar situaciones delicadas por e-mail antes que cara a cara o por teléfono.
Hay un tema común aquí. El gran problema con el e-mail es que se trata de comunicación sin costo alguno. El spam prolifera porque es virtualmente gratis para el remitente, mientras que el receptor paga por la computadora y el acceso a la Web. La privacidad también se ve comprometida porque guardar viejos correos electrónicos en una manera económica de mantener registros. Es cuestión de guardar el disco rígido... y cualquier fiscal puede reclamarlos. La pérdida de tiempo también se manifiesta de otra manera.
El e-mail se convirtió en enemigo de la productividad
El Racismo, sexismo y malicia son más comunes porque el correo electrónico es un medio frío y anónimo.