La riqueza de una nación surge de la conjunción de fuerza entre el capitalista que financia la inversión y la mano de obra que es fundamental en el desarrollo de un proyecto.
La mano de obra y el capital no se pueden marginar uno del otro. Acusar a los inversionistas de explotadores que se "enriquecen a costillas de los pobres" y a los pobres de proletariado oportunista que solo piensa en sus beneficios personales, es grave y no contribuye a fortalcer al proceso de desarrollo de una nación.
Actualmente Panamá navega en un maremoto político cuyo puerto de destino son las elecciones del 3 de mayo, y en este acontecnimiento no odemos crear una lucha de clases sembrando odios que destruyan los pilares que soportan el fardo financiero de la nación.
El éxito de una nación, en cualquiera de sus facetas, no se logra con la confrontación de clases. Se requiere una conjunción de esfuerzos entre dos riquezas: el capital de donde proviene el dinero que es combustible fundametal para la inversión y la mano de obra, que ante todo, debe ser diestra, disciplinada y consciente de sus responsabilidades.
El país puede tener excelentes leyes, tribunales justos e inversiones a borbotones, pero su desarrollo se estancará si existe antagonismo entre ricos y pobres.
Falta de oportunidades.
Ente los principales problemas que enfrenta la nación está la falta de oportunidades; hay escasez en el mercado laboral.
Mucha gente ociosa está desesperada por demostrar que son guerreros al servicio del progreso y anhelan una plaza de trabajo para demostrar que son útiles en esta batalla por la generación de progreso.
También constituya un escollo, en el avance social la proliferación de la miseria cuyo portaestandarte principal es el hambre que, al parecer es una llaga incurable.
El hambre surge como consecuencia de la falta de empleos y donde prolifera fermenta el caos social que, una vez estalle, no dejará "piedra sobre piedra" y advierto: sofocar el encono de los marginados requerirá esfuerzo extraordinarios.
Bamboleo político.
En este bamboleo político donde la nación es un barco que navega hacia el mismo objetivo, un tonomás moderado en el vocabulario procelitista sería conveniente para mantener la paz, porque sembrar resentimiento no es saludable para esta república donde prevalencen ideales de personas, tanto de adentro como de allende nuestras fronteras, con deseos de invertir , pero también proliferan perezosos que sueñan enriquecerse sin esfuerzos, realizan trabajo con desgano o buscan, a través del oportunismo, la cueva donde satisfacer sus caprichos.
Por muy buena voluntad que tengan, ninguno de los candidatos a la presidencia resolverán los problemas financieros que nos agobian.
Malestar financiero.
Pueden crear las condiciones para encaminarnos hacia la veta del progreso, pero cada uno debe ingeniarse para sanear su malestar financiero, porque esperar que el gobierno nos resuelva la gripe económica, es de hecho una derrota que infringimos porque el país está agotado de germinar tantos parásitos.
[*] El autor es periodista.