El nerviosismo económico se ha apoderado de la campaña brasileña a una semana de la elección presidencial del domingo 27, que definirá quién será el presidente que asumirá la crisis financiera, con las preferencias centradas en el líder de la izquierda Luiz Inacio Lula da Silva.
“Quién es el culpable de la crisis?” parece haberse convertido en el estribillo y la patata caliente de la campaña, mientras el real sigue acumulando devaluación de 40% desde abril, llevando negras expectativas al presidente que asumirá en 2003.
“El escenario es ritmo magro de crecimiento, estancamiento de la masa salarial y crédito poco dinámico”, destaca el Instituto Brasileño de Ejecutivos de Finanzas (Ibef).
Lula, el ex sindicalista metalúrgico de 57 años que antaño defendió un referéndum contra la deuda externa y está en el ojo de huracán de los temores del mercado, ha acusado al gobierno de permitir la especulación que devalúa el real, al criticar duramente el aumento del interés de 18 a 21%.
Haciéndose eco de analistas que atribuyen las presiones sobre la moneda esta semana a una ola especulativa por el vencimiento de multimillonarios títulos públicos, Lula denunció “la ironía de un equipo económico -del gobierno- que subordinó los intereses de la octava economía mundial a la especulación y a las ganancias de media docena de banqueros”.
El presidente, Fernando Henrique Cardoso, a través de su portavoz Alexandre Parola, criticó con fuerza a Lula por “hablar de asuntos sobre los que no se tiene dominio pleno”. El ministro de Hacienda, Pedro Malan, lo acusó de ser el causante de la turbulencia del mercado.
Las declaraciones del líder del Partido de los Trabajadores (PT), que concentra más del 60% de la intención de voto, parecían una respuesta a lo que él ha definido como “terrorismo económico” contra su candidatura, del gobierno y de su opositor, el socialdemócrata, José Serra, que ha centrado la campaña en el “miedo” a Lula y que hoy es el favorito de los mercados que ven en él la continuidad de las políticas económicas.
“Vote Serra, vote sin miedo”, dice la propaganda de Serra, el economista de 60 años delfín de Cardoso, leída por la popular actriz de TV, Regina Duarte, y que afirma que el discurso de Lula “nos da miedo”.
A las puertas de ganar la elección, a juzgar por el 60% de intención de voto frente a 30% de Serra, Lula acaba de ganarse a una parte del mercado con el lanzamiento el jueves de un insólito compromiso de impulsar la Bolsa de Valores de Sao Paulo, que está en sus peores niveles desde 1993, y que espera del futuro gobierno del izquierdista la cotización en bolsa de fondos públicos y hasta mejoras impositivas.
Ese mismo día, la Bolsa brasileña se apreció un insólito 6,34% y continuó en alza este viernes.
La peligrosa turbulencia del mercado brasileño se ha convertido en lo que el analista de la corredora Fator Doria Vladimir Caramaschi definió como una “bola de nieve”, que suma la desconfianza hacia Lula con el adverso clima internacional y la percepción de que Brasil hasta podría no pagar su deuda, que ronda el 60% del Producto Interno Bruto (PIB).
Por el momento, el subsecretario del Tesoro estadounidense para Asuntos Internacionales, John Taylor, afirmó el jueves que su país apoyará al próximo gobierno brasileño, gane quien gane las elecciones, y que la incertidumbre que afecta a los mercados mejorará “cuando esté clara la política”.
Lo cierto es que, con la larga duración de la crisis de los mercados, “se ha llegado a una situación difícil y para revertirla el próximo gobierno tendrá que dar un mensaje muy claro de lo que va a hacer con la política económica”, según el economista jefe del Deutsche Bank en Brasil, José Carlos de Faria.