Francia inicia mañana una semana que se anuncia clave para la ley de pensiones después de que el Senado aprobara el viernes el punto más controvertido de la reforma y que eleva la edad mínima de jubilación de los 60 a los 62 años.
Mientras que el Gobierno espera que la reforma completa se adopte definitivamente el próximo viernes o el sábado por la mañana, los sindicatos cuentan con intensificar la protesta y forzar al Ejecutivo a dar marcha atrás.
Para ello han convocado una huelga general el próximo martes y varios sectores, como el transporte ferroviario o el energético, han otorgado carácter indefinido al paro.
Será la séptima huelga del año, a la que seguirá una jornada de movilización el sábado en la que intentarán ampliar los cerca de tres millones de personas (899.000 manifestantes, según el Ministerio del Interior) que recorrieron el pasado 2 de octubre las calles de Francia.
Las agrupaciones sindicales confían hacer aumentar así la tensión contra el Gobierno para que recule, como ya sucedió con las históricas manifestaciones de diciembre de 1995 y de mayo de 2003, cuando lograron paralizar reformas que iban en el mismo sentido.
El Ejecutivo se muestra firme y, tras aceptar esta semana ciertas modificaciones menores en el texto que todavía debe aprobar en su conjunto el Senado, el presidente Nicolas Sarkozy subrayó que el incremento de la edad mínima de jubilación de los 60 a los 62 años es "esencial" para alcanzar el equilibro en el régimen de pensiones vigente en Francia.