Vendedores de copias ilegales de libros y discos, malabaristas, muestra un crecimiento que supera con creces el promedio de América Latina. Como una secuela de la recesión que afectó al país en 1999, un número indeterminado de trabajadores informales se niega a quedar en el pasado y ayuda a encubrir el rebelde desempleo que, según cifras oficiales, supera el 9,0 por ciento en medio de un lento repunte de la actividad y el consumo.
La desocupación sería aún mayor si se contara a las miles de personas mayores de 15 años que trabajan al menos una hora por semana y que, de acuerdo con las estadísticas, son calificados como "empleados por cuenta propia".
La gran mayoría de los trabajadores informales caen dentro de las estadísticas oficiales como "ocupados", aunque su salario proviene de una actividad ilegal y carecen de protección social.
"No hay trabajo y para mantener a mi familia mínimo tengo que contar con 200,000 pesos al mes (191 dólares). Nosotros no ganamos eso, pero tenemos plata todos los días para salir del paso", dijo Fernando Araya, que trabaja con su familia vendiendo copias ilegales de la película Harry Potter.
Chile crecería este año y el próximo en cerca de 3.5 por ciento, mientras el promedio regional del 2001 se ubicaría en un rango de 0.5 a 1.0 por ciento, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
MERCADO ESCONDIDO
Aunque Chile carece de estadísticas oficiales sobre el empleo informal, un estudio del economista Tomás Flores y de la Universidad Bernardo O"Higgins, analizó 358 casos de este tipo de trabajadores y entregó una primera visión del difuso fenómeno.
"El estudio muestra que casi la totalidad de los encuestados entró al mercado después de la crisis asiática (1998), que eran trabajadores de la construcción o empleados que sufrieron las reducciones de personal en las empresas", dijo Flores.
La crisis asiática fue el primer impacto externo que recibió la economía chilena, que había crecido a tasas de 7.0 por ciento promedio anual y mantenido una desocupación en torno a 5,0 por ciento durante casi toda la década de 1990.
Chile cayó en recesión en 1999, cuando su Producto Interno Bruto se redujo un 1,1 por ciento y aunque en el 2000 y en el 2001 la economía retomó su crecimiento, el empleo no repuntó al mismo ritmo.
Sin embargo, el empleo informal ha crecido sostenidamente y actualmente reúne a un grupo dispar de personas que trabajan un promedio de ocho horas diarias durante seis días en la semana.