Un hotel en un bosque nuboso de Chiriquí, una asociación de artesanas en una apartada población de El Salvador y una comunidad de agricultores en las montañas de Capira tienen en común que han introducido en sus proyectos el desarrollo sostenible y el uso de energías renovables con resultados exitosos.
A 7,260 pies sobre el nivel del mar, en el Parque Nacional Volcán Barú, se encuentra uno de los hoteles más pintorescos de Panamá y Centroamérica. Es un lugar en donde la vida ecológica y amigable con el ambiente no riñen con el bienestar que ofrece a sus huéspedes.
Carlos Alfaro, propietario del Hotel y Cabañas Los Quetzales, ubicado en Cerro Punta, en la provincia de Chiriquí, utiliza diversas energías renovables para el funcionamiento de este negocio. El agua que utiliza el hotel y las cabañas es calentada por medio de paneles solares. También dispone de una minihidroeléctrica y un biodigestor. Todo con el propósito de impactar lo menos posible el área, que es una reserva natural.
Entre tanto, en la comunidad de El Higuero, en el distrito de Capira, un grupo de mujeres desarrolla el proyecto fotovoltaico conocido como el Kiosco Solar. Más que un simple negocio de recarga de celulares y lámparas es un centro de desarrollo de la comunidad, indicó Diny Olmedo de Gómez, asesora del Grupo de Mujeres Rurales, que desarrolla el proyecto.
En el Kiosco Solar se venden, además, muchos otros productos como tomates, zanahorias y lechuga, que contribuyen a dar nuevos empleos.
Mientras que en El Salvador, otro grupo de mujeres se organizó para confeccionar artesanías en madera y textiles que exportan a Europa. Estas artesanas lograron dar un gran salto con la instalación de hornos solares para secar la madera que utilizan para la confección de sus artesanías que van desde pequeños crucifijos hasta sofisticados muebles para niños.